RODRIGUEZ29112024

¿Regresamos a 1961?
Víctor Reynoso

Puebla.- Pablo Gómez debe su carrera política a la representación proporcional. La inició en 1979, como diputado federal plurinominal del Partido Comunista mexicano. Y de ahí siguió hasta donde está ahora.

Antes de eso era conocido como un líder estudiantil del movimiento de 1968. Pero el acceso al poder político lo tuvo gracias a la representación proporcional. Un mecanismo que le dio vida al PCM y a los partidos que lo sucedieron, el PSUM y el PMS. El PRD, partido del que Gómez es fundador, ya era capaz de ganar distritos, pero no sería lo que es sin ese mecanismo.

La última elección en México en el que no se les dio lugar a las minorías fue la de 1961. Había que ganar una elección distrital para llegar a la cámara de diputados. Para 1964 la legislación mexicana ya contemplaba ya lo que se llamó “diputados de partido”, que otorgaba curules, de manera proporcional, a los partidos que obtenían un porcentaje mínimo, que llegó a ser 1.5% de la votación nacional.

Curiosamente, este ceder espacios a la oposición fortaleció al partido en el poder, al PRI. Nunca perdió la mayoría calificada. Se decía, siguiendo quizá a Juan Rulfo, que la oposición solo tenía el derecho que tienen los ahorcados: al pataleo.

Pero para el sistema la llegada de diputados opositores generaba aire fresco: información y argumentos sobre los problemas públicos. A partir de esa reforma el sistema político fue capaz de ver y escuchar mejor la realidad política del país.

El monopolio en el poder suele volver ciegos y sordos a quienes lo ocupan. O miopes y semisordos.

En 1977 otra reforma electoral permitió el registro de dos fuerzas pequeñas pero con presencia de décadas en la sociedad mexicana: el sinarquismo y el comunismo. No fue la primera reforma electoral, como ya apunté. Tampoco la segunda, pues en 1946 y 1953 hubo otras. Pero ese es otro tema.

El tema actual es que la reforma electoral que se anuncia desde el poder va en el sentido de concentrarlo. Es claro por quienes conforman la Comisión encargada son personas del grupo en el poder. Ni una voz opositora.

Pero también por los temas señalados: fin de representación de las minorías, captura del INE, disminución del presupuesto público para los partidos. Todas concentrarán más poder en Morena y sus aliados.

Lo que en sí mismo es antidemocrático. Y en cierto sentido, ingenuo: no siempre estarán en el poder. Por supuesto no siglos, como una legisladora morenista declaró. Creo que ni siquiera décadas. Un indicio claro es lo que un morenista llamó la podredumbre de su partido en Tabasco. Y en muchos otros lados. Hay fisuras serias en los cimientos mismos de Morena.

¿Incongruencia o mensaje, el encargar la destrucción de la representación proporcional a una persona que debe su carrera política a este mecanismo?

Luis Medina, en su análisis del siglo XX mexicano, habla de dos tipos de reformas electorales: las “otorgadas” y las “negociadas”. Las primeras hasta 1986, las segundas a partir de 1989. La que se anuncia ahora parece que no será una cosa ni otra: se perfila como una reforma impuesta desde el poder.