
Mérida.- Tan bajo ha caído la derecha, que a falta de voceros con fuerza representativa, ha tenido que echar mano de alguien a quien creía bien posicionado en la opinión pública de nuestro país, por haber estado largo tiempo nadando de muertito, o sea, callado, esto es, el ex presidente Ernesto Zedillo, uno de los peores gobernantes que ha tenido México, quien, confiado, aceptó el encargo. Pero más tardó en asumirlo que en caerle encima las marquetas de lodo que él mismo se fabricó durante sus 6 años de tiranía.
Sintiéndose la mamá de los pollitos, el nuevo adalid se puso a lanzar acusaciones en contra de las políticas enmendadoras de las atrocidades cometidas por él y sus hermanos de ideología durante los 37 años de dominio del Prian, en la creencia de que los mexicanos carecemos de memoria y, por tanto, no recordamos lo ladrones, entreguistas, criminales y farsantes que fueron Salinas, él, Fox, Calderón y Peña Nieto. Se le olvidó el viejo refrán de que “para tener la lengua larga hay que tener la cola corta”.
Zedillo fue gato de Salinas hasta que este tuvo poder. Entonces rompió con él. Se olvidó de que fue “el padre de la desigualdad moderna” quien lo llevó a las grandes ligas de la política, haciéndolo saltar de una rama en otra hasta que lo convirtió en coordinador de la campaña de Luis Donaldo Colosio y -enseguida de la sospechosa muerte de éste- en candidato sustituto. No obstante, apenas tuvo alas propias le cayó a picotazos a su mecenas, metió a la cárcel a su hermano -Raúl- que de no ser por la ruptura, la hubiera librado, e hizo exilarse en Irlanda a su antiguo alcahuete.
En dos medios de los que eran sostenidos con subsidios salidos de nuestros impuestos por los gobiernos prianistas: “Letras Libres”, de Enrique Krauze, y “Nexos", de Héctor Aguilar Camín, en sus números más recientes, el cara dura abrió fuego.
En el primero aseguró que la “reforma” al poder judicial que hizo él en 1994 “fortaleció la independencia de la Corte, la dotó de profesionalismo y le brindó capacidades para fungir como contrapeso del presidente y el Congreso”; en cambio, la que está en curso, dijo, “destruye todos esos avances, politiza la impartición de justicia y somete la Corte a los intereses de un solo partido”.
Y, en el segundo, repitió el guion de sus impulsores de que se está militarizando al país y que el gobierno actual “está convirtiendo al Ejército de ser una fuerza ejemplar a ser unas fuerzas armadas cómplices de un gobierno autocrático y tiránico”.
La reforma que este farsante hizo al poder judicial en 1994, cuatro días después de llegar al poder, fue que el 5 de diciembre llamó a todos los 26 ministros de la corte y le dijo a cada uno (todos eran varones): “Estás despedido”. Con la misma, nombró a 11 que se sacó de la chistera y dio la orden al senado para que los consagrara.
Sólo en su retorcido cerebro cabe que democracia es lo que él hizo y antidemocrático que los ciudadanos sean los que elijan a todos los miembros de ese poder.
Parece que la consigna que le dieron -cuando lo contrataron para hablar a nombre de la desesperada derecha, que por más mentiras que inventa no logra levantarse- fue que repitiera y tratara de reforzar el sobado estribillo de “gobierno autoritario y tiránico”. Pero no tiene el nuevo Cantinflas las credenciales para sostener la frase, porque si un gobierno fue autoritario y tiránico, además de criminal, fue el suyo.
Las matanzas fueron el signo distintivo de su estilo de gobernar. A pesar de su cara de mosca muerta, daba luz verde a policías y ejército para que mataran a quien se atreviera a protestar. El 28 de diciembre de 1995, fue la masacre de Aguas Blancas, donde 17 miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, en Guerrero, fueron asesinados a tiros, y otros 23 heridos por judiciales y policías cuando se dirigían a protestar por la desaparición de uno de ellos.
Dos años después, en la comunidad de Acteal, en el municipio de Chenalhó, en la región de los Altos de Chiapas, en el contexto del levantamiento zapatista en el que las desapariciones y homicidios eran la norma, el 22 de diciembre de 1997 un grupo paramilitar disparó armas de uso exclusivo del Ejército contra la organización indígena “Las Abejas”, mientras el grupo de indígenas tzotziles se encontraba orando en una ermita.
La madrugada del 7 de junio de 1998, en el municipio de Ayutla de los Libres, en Guerrero, 10 miembros de la comunidad indígena y un estudiante fueron asesinados por elementos Ejército Mexicano en una escuela en la comunidad de El Charco, a donde acudieron para participar en una consulta popular.
Otra de sus hazañas fue la privatización de los ferrocarriles a grandes empresas transnacionales que desaparecieron los de pasajeros y cerraron muchos tramos de carga, a cambio de que le dieran chamba en el Consejo de Administración de una de ellas, la Union Pacific, estadounidense, cuando dejara la presidencia. No contento, y para que se vea cómo es de aprovechado este mezquino ser, se autoasignó una pensión vitalicia del Banco de México de 143 mil pesos mensuales que pagamos todos.
En esta apretada síntesis que deja fuera otras acciones contrarias al interés nacional cometidas por su gobierno, no pueden faltar dos sucesos que lo hicieron mundialmente famoso por lo que representaron de duros golpes al pueblo.
Apenas tomó posesión llevó a cabo una gigantesca devaluación que hizo perder al peso 137 por ciento de su valor frente al dólar y ocasionó la quiebra de miles de negocios y la ruina de miles de familias y, no contento, años después, salvó no al pueblo de la crisis que ocasionó, sino a sus amigos los banqueros, convirtiendo sus deudas privadas en deuda pública que todos los mexicanos tenemos que pagar a través del llamado Fobaproa.
Vergüenza debe darle a la derecha que Zedillo hable por ella. Porque eso, en lugar de ayudarla, la hunde más.