RODRIGUEZ29112024

Trump y Netanyahu, un par de genocidas
Filiberto Pinelo Sansores

Mérida.- En todo el mundo crece la indignada protesta no sólo contra la política genocida del sionista y nazifacista gobernante de Israel, Benjamín Netanyahu, sino contra la de su principal apoyo, Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, quienes asociados impiden que la matanza del pueblo Palestino termine. Los gobiernos de casi todos los países de la tierra están siendo obligados por sus pueblos, que se movilizan en grandes marchas y concentraciones, a hacer algo para que cese este inverosímil nuevo holocausto.

Miles de niños, mujeres, adultos y ancianos, son masacrados todos los días por los bombardeos de las poderosas armas de los asesinos, provenientes muchas de Estados Unidos y otras de la industria militar israelí desarrollada con el apoyo de quien usa al país agresor como enclave para el control del Medio Oriente.

En la ONU, los representantes de 76 países se levantaron de su asiento y se salieron de la sala cuando el neonazi tomó la palabra para justificar la barbarie que su poderoso ejército, con el paraguas yanqui, está cometiendo, ante la indignación de pueblos enteros del orbe que salen a las calles a exigir que la masacre termine.

Envalentonado por sentirse impune, su discurso estuvo plagado de amenazas y mentiras que fueron abucheadas por muchos de los que no se salieron.

Sabiéndose protegido por su alter ego, el peligroso loco de la Casa Blanca, Netanyahu afirmó que Israel “debe terminar el trabajo” en Gaza, y rechazó, tajantemente, la idea de reconocerle un Estado propio a aquel pueblo. Su envalentonamiento no es gratuito; es producto del apoyo del omnipotente padrino, quien también debería de ser enjuiciado en la Corte Penal Internacional de la ONU en La Haya, como su protegido lo está siendo.

El alcahuete ha hecho todo lo posible para evitar que se sancione al criminal y se le obligue a cumplir las dos demandas que los pueblos del mundo exigen: el cese de la agresión y el acatamiento inmediato del acuerdo de la ONU, que no es nuevo sino tomado desde que se originó el conflicto en el siglo pasado, de crear dos estados en la región, uno palestino y otro judío.

Tan inconcebiblemente infame es lo que está haciendo en Gaza la maquinaria de guerra del sionismo y tan fuerte la movilización mundial que ya ni siquiera países que obedecen ciegamente al liderazgo yanqui, como Reino Unido, Francia o Canadá, entre otros, se han atrevido a ir en contra de la exigencia de sus pueblos y han tenido que declarar que se adhieren a ella. Son pocos los gobiernos que, por su inclinación ideológica se resisten y se atreven a desafiar a la humanidad, brindándole su apoyo al régimen genocida. Entre estos Miley, en Argentina y Bukele, en El Salvador.

La protesta masiva en la ONU contra la presencia del primer ministro israelí se produjo después de que durante la semana varios países aliados de Estados Unidos -Reino Unido, Francia, Canadá, entre otros- reconocieran al Estado palestino y luego de que una comisión de la ONU, sostuvo que “Israel ha cometido genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza”.

Con cinismo el criminal sionista se justificó en su discurso diciendo que lo que su maquinaria de guerra hacía no era genocidio ya que previamente se advirtió a la población “que se alejara del peligro”. Y remató: “¿Acaso los nazis pidieron a los judíos que se fueran? Mayor cretinismo no puede haber.

El guerrerista israelí sostuvo con descaro que su apoyador, el presidente yanqui, “comprende mejor que cualquier otro líder, que Israel y EE.UU. se enfrentan a una amenaza común”, una confesión de la responsabilidad de ambos en el asesinato colectivo, irónicamente causado por quienes descienden de víctimas del que Hitler llevó a cabo contra sus antepasados.

Y cómo no había de ser si el magnate que regentea a la potencia que dicta en gran medida las políticas del mundo está detrás de sus acciones.

Ahora, el patrón del títere, esto es, el aspirante a dictador de Estados Unidos, Donald Trump, ante la reacción del mundo ha urdido un plan engañabobos para tratar de imponer la voluntad de los agresores a los agredidos. Con ruido de fanfarria y luces de bengala lo ha anunciado como la fórmula que va a terminar la guerra y a traer paz y justicia a la región.

Los 20 puntos de él son toda una telaraña para doblegar al pueblo palestino sin que este tenga la más remota posibilidad de obtener su libertad y su derecho a vivir en paz como un pueblo organizado por si mismo y no por poderes extranjeros. Son una sarta de insensateces que de aceptarse serían como la carta de rendición un pueblo atropellado ante el ejército que le pasó encima.

Para nada se habla de la más sentida demanda de ese pueblo: la de la creación de su propio estado, escogido por él mismo y no por fuerzas extrañas. Por el contrario, Trump plantea que el control de la región quede en manos de notables nombrados por él, que le rindan cuentas él, para gobernar los territorios hoy bombardeados e invadidos.

“Gaza será administrada por un comité palestino apolítico bajo supervisión internacional” dice el punto número 9 del brillante plan. Y ¿Quiénes escogerán a ese comité “apolítico” que gobernará a los palestinos? Nada menos que las mismas fuerzas de ocupación, ahora ya no bajo el mando de Netanyahu, sino, y esto es el colmo del cinismo, del propio Trump.

De aceptarse su plan, el pueblo palestino sería gobernado ahora por él. De Guatemala a Guatepeor.

El plan, como es obvio, ha sido maquinado para destruir todo lo avanzado en la ONU y en los países donde los pueblos movilizados han obligado a sus gobiernos a decantarse por la idea de aplicar, efectivamente, la demanda de que el sionismo-nazi deje de asesinar al pueblo palestino y se permita a este crear su propio estado, única garantía de que encuentre la fin la paz y la felicidad.