
Monterrey.- Desde la última década del siglo XX se auguraba que la tecnología transformaría radicalmente los procesos educativos. En lo personal, he sido testigo y partícipe de esta expectativa. Desde aquel momento clave, colaboré activamente en el diseño de software educativo, en la elaboración de actividades significativas, y en la creación de asesorías digitales que, desde nuestras propias computadoras personales, buscaban apoyar a maestras y maestros de Nuevo León en el uso pedagógico de las tecnologías para la enseñanza de las distintas disciplinas del currículo de secundaria.
Sin embargo, a pesar del acceso creciente a herramientas digitales, muchas escuelas continúan operando bajo modelos tradicionales. Con o sin tecnología, la dinámica escolar permanece, en gran medida, inalterada. Hoy, paradójicamente, el panorama se muestra aún más complejo: las instituciones educativas parecen navegar entre la confusión de nuevas propuestas pedagógicas y el vértigo de un mundo digital que se transforma sin cesar.
De pronto, los educadores nos encontramos ante aplicaciones que permiten a estudiantes de ciencias y matemáticas resolver problemas complejos con sorprendente facilidad. Este nuevo ecosistema digital ofrece al docente oportunidades invaluables para apropiarse de recursos, y también para diseñar materiales didácticos que propicien una enseñanza más eficiente, atractiva, incluyente y orientada al desarrollo de la comunidad y del país.
En este contexto, herramientas basadas en inteligencia artificial —como ChatGPT, Meta AI o DALL·E, capaces de generar textos, imágenes o incluso videos— están configurando un nuevo entorno cognitivo. Nuestra responsabilidad como educadores es clara: preparar a las nuevas generaciones para comprender y desenvolverse de manera crítica, ética y creativa en este nuevo mundo.
Recuerdo que, a finales del siglo pasado, cuando las computadoras comenzaron a introducirse en la enseñanza, muchos docentes experimentaron temor y resistencia ante el cambio. Hoy, en la tercera década del siglo XXI, una herramienta como ChatGPT —capaz de resolver desde una suma elemental hasta una ecuación diferencial— no debe ser vista como una amenaza, sino como un aliado pedagógico. Como me enseñaron mis grandes maestros de física y matemáticas en mis años de formación normalista y universitaria: lo importante no es obtener el resultado de un problema, pues este, al fin y al cabo, es un artificio humano; lo verdaderamente esencial es fomentar la indagación, el trabajo colaborativo, la formulación de preguntas, la observación de procesos y, por encima de todo, el desarrollo del pensamiento crítico.