RODRIGUEZ29112024

Paz con justicia, el camino correcto
Filiberto Pinelo Sansores

Mérida.- La información de la Fiscalía General de Michoacán dio cuenta de que el asesino del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, era un menor de 17 años, no solamente gatillero –por lo visto, consumado– de algún grupo criminal, sino adicto a las drogas. ¿Cuántos más como este joven nutren las filas de la delincuencia organizada? ¿Cómo se evita que los adolescentes o los niños que no tienen más oportunidad en la vida que la que les dan los grupos delictivos, caigan en las garras de un destino como el de este joven?

Esos que hoy se rasgan las vestiduras desde la derecha porque no se ha adoptado el criminal método de sus gobiernos, de guerra a las drogas, que crearon las condiciones para que el crimen organizado creciera desmesuradamente, callan que, a diferencia de ahora, cuando a los jóvenes se les atiende, como parte de la solución del problema de la inseguridad, durante sus sexenios estos fueron abandonados a su suerte convirtiéndolos en carne de cañón para los criminales necesitados de gatilleros.

A los jóvenes que no tenían trabajo ni empleo no les daban la mano para ayudarlos a cambiar su suerte; por el contrario, se burlaban de ellos llamándolos “ninis” (ni estudian ni trabajan) y en lugar de hacer esfuerzos por crear escuelas o programas para rescatarlos preferían destinar los recursos públicos para engrosar sus cuentas porque a ladrones nadie les gana.

La mentalidad fascistoide de los personeros de las derechas priistas y panistas no les permite pensar que la manera más eficaz de evitar que la juventud sin oportunidades caiga en las garras de la delincuencia es creando programas que los ayuden a encontrar caminos para una vida ciudadana sana. Por eso en los seis años de los dos gobiernos de la Cuarta Transformación han proliferado estos, tanto para la ciudad como para el campo.

Miles de millones de pesos del presupuesto nacional son invertidos anualmente en la realización de estos programas. El presupuesto federal 2025 destinó más de 184 mil millones de pesos a programas específicamente dirigidos a jóvenes, para darles empleo, educación, tecnología y prevención social. Jamás los gobernantes del país habían invertido tanto en ellos; pero la realidad demuestra que aún no es suficiente lo andado.

No es suficiente, pero es el único camino, porque el otro, el que la misma derecha propone -al oponerse al del gobierno- es el de la vuelta a la guerra contra el narco, el que aplicaron los gobiernos de Calderón y Peña consistente en “primero mata y después virigua”, que cobró la vida de miles de inocentes (algo parecido a lo que hace Donald Trump, en el Pacífico y el Caribe, disparándole a lanchas sospechosas) que mientras más se aplicaba, más “daños colaterales” producía, sin responsabilidad para los asesinos, como las de aquellos estudiantes del Tec de Monterrey, a los que les sembraron armas para adobar la calumnia de que eran delincuentes.

Esa estrategia sólo sirvió para que el problema creciera, no para que menguara, pues unida a la existencia de un gigantesco mercado creado por la adicción a las drogas de buena parte de los habitantes de nuestro vecino del norte -cuyo gobierno no hace nada sensato para evitarla o disminuirla- y la permisión de compra venta libre de armas en Estados Unidos que luego pasan a México y surten a los carteles, dio como resultado este escenario dantesco que dejaron de herencia los gobiernos de la derecha.

Por eso es indignante la campaña desatada en contra del gobierno de Claudia Sheinbaum en todos los medios de comunicación, con raras excepciones atribuyéndole a ella y a su gobierno la responsabilidad del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, porque ha sido el suyo y el de López Obrador, los que cambiaron la estrategia fallida de Calderón y Peña, por otra que aunque tarde en dar frutos es la única que podrá pacificar las entidades del país -que no son todas, sino unas cuantas- donde la violencia del narco está presente.

Si la vida está mostrando cuál es el camino, sería torpe cambiarla. Por el contrario, lo aconsejable es reforzarla a sabiendas de que es lo único que dará resultados. Ejemplo de reforzamiento de ella es el plan para Michoacán, donde las condiciones económicas, geográficas, sociales, etc., han permitido que el crimen organizado se exacerbe.

Este plan contempla el reforzamiento cuantitativo y cualitativo de las acciones que desde el principio del gobierno de Claudia se desarrollan para pacificar al país, a su vez, ampliación y profundización de las que, con AMLO empezaron a construirse. Entre ellas hay un componente específico de seguridad -dentro de los marcos de la ley- pero su apuesta principal es al desarrollo económico, social y educativo de la entidad, cegando las condiciones en que la criminalidad se cultiva.

El plan entró de inmediato en operación. Tiene 14 ejes que van desde desarrollo económico con apoyo al campo, producción forestal, electrificación e internet, infraestructura carretera y caminos, infraestructura de agua potable, riego y saneamiento, programas de Bienestar, educación, salud, vivienda, cultura, mujeres, jóvenes, justicia para pueblos indígenas, hasta el obligado componente de seguridad que comprende persecución de todos los delitos y, sobre todo, cero impunidad para sus autores.

Es falso que no haya resultados en la lucha del gobierno contra el crimen, fruto de la descomposición que vivió México por décadas de gobiernos priistas y panistas. Mientras durante el periodo de Calderón los homicidios dolosos aumentaron 148 por ciento y en el de Peña, 42 por ciento, durante el tiempo de Claudia Sheinbaum del 1 de septiembre de 2024 al 31 de octubre de 2025, el homicidio doloso ha descendido 37 por ciento en promedio diario, con cifras consolidadas de las 32 Fiscalías estatales.

Son 32 muertes diarias menos. Con el método de la guerra seguiríamos en el abismo. Con el de la paz con justicia y pese a toda la bulla de la derecha, que miente como respira, es obvio que estamos transitando para salir de él.