RODRIGUEZ29112024

Más tiempo para aprender, mejores condiciones para enseñar
José Ángel Pérez

Romper con clases fragmentadas y dignificar la labor docente, para alcanzar una educación del siglo XXI

Monterrey.- Además de fortalecer la infraestructura y los recursos para la enseñanza, resulta impostergable una reestructuración curricular en educación secundaria, que responda a las condiciones reales de aprendizaje y a las demandas formativas del siglo XXI. En el modelo vigente, las clases de 40 minutos por asignatura constituyen un formato artificioso y fragmentado que interrumpe el flujo del pensamiento, limita la conexión entre teoría y práctica y dificulta la aplicación de metodologías centradas en la investigación, el pensamiento crítico, la reflexión profunda y el desarrollo socioemocional del alumnado.

Como advierten diversos investigadores, Darling-Hammond y Bransford (2005), entre muchos más y de acuerdo con nuestras observaciones en visitas áulicas de acompañamiento y asesoría con maestras y maestros de física de secundaria, los procesos de aprendizaje de orden superior requieren tiempos extendidos y flexibles que favorezcan la exploración, la experimentación y la construcción colectiva del conocimiento; condiciones inviables en sesiones breves y rígidas como las actuales.

A ello se suma la necesidad urgente de redefinir el modelo laboral del docente de secundaria. No puede seguir concibiéndose al profesor como un “jornalero educativo”, remunerado únicamente por las horas frente a grupo, sin contemplar tiempo pagado para la planeación, la investigación y el trabajo colegiado. Esta visión reduccionista obliga a muchos docentes a desplazarse entre distintas escuelas o niveles para completar su ingreso, lo que impacta negativamente en la calidad de la enseñanza y en el acompañamiento académico de los estudiantes (UNESCO, 2021).

La transformación curricular debe ir acompañada de un replanteamiento del tiempo escolar y de un reconocimiento integral de la labor docente, que incluya preparación rigurosa, análisis de resultados, coordinación con colegas y actualización permanente. Sin esta doble reforma —curricular y laboral— cualquier esfuerzo por mejorar los aprendizajes quedará truncado. Como señala Fullan (2020), “la calidad de un sistema educativo no puede superar la calidad de sus docentes”, y esta depende de que cuenten con las condiciones estructurales para ejercer su labor con profundidad, innovación y sentido humano.

La experiencia internacional ofrece lecciones claras. En países con altos niveles de desempeño según PISA 2022, como Finlandia, Singapur y Canadá, las clases de secundaria duran entre 60 y 75 minutos, lo que favorece el desarrollo de actividades más completas y significativas. Además, los docentes reciben remuneración por el tiempo destinado a la planeación, el trabajo colaborativo, la investigación y la formación continua, como señalan los resultados del Teaching and Learning International Survey (TALIS, 2018).