
Monterrey.- Un día paseando en coche mis nietos, Mauret y Diego, de imaginación hicimos un derroche y para pronto escribimos estos versos. Mi nieta por demás lista en asuntos de intelecto (y su hermano Diego igual), me preguntó como exordio, Tito Tom, ¿qué comen los unicornios? Y empezamos a pensar, yo fui el primero en decirlo: creo que algodones de nube, aderezados, con viento de dulce, y les encanta engullirlos. También estrellas brillantes de colores, asteroides y luceros, y fragmentos de meteoros, dijo Diego; y empezó una competencia poética sin sosiego. Mauret no se quedó atrás; dijo: perlas blancas cultivadas en conchas nácar marinas, que deliciosas sabrán, nos dijo, ¿se lo imaginan? Y gotitas de cristal hechas con rechonchas nubes, también se bañan con ellas cuando suben y bajan y suben. ¡Zanahorias de chocolate!, dijo Diego,entusiasmado, porque hay nubes de conejos, que también comen algodón azucarado. Y arcoíris de plata, lamen sus siete colores y beben agua de oro, dije yo, y también nubes almibaradas, ricas y olorosas flores y frutas con polvo de estrella revolcadas. Y amarillos soles de naranja, rebanadas de luna de vainilla, pasteles de chorreante chocolate, chiclosos de armonía y coronas de adviento, expresó Mauret sonriente desde su cómodo asiento. Bizcochos adornados con piedras preciosas y rociadas con lluvia dorada, panecillos de luz y donas diamantadas, dijo Diego de forma inesperada. Rosquillas de brillantes, expresé con deleite, hojas frescas de jade, obleas de virtud, alfajores de marfil y galletas de la suerte. Dulces de leche de “las siete cabrillas”, bolillos de plata con azúcar glaciada, barquillos con gotitas de fresa y amaranto, dijo Diego pletórico de encanto. Multicolores huevos de Pascua cubiertos con galaxias y cometas, dijo Mauret pizpireta, hojarascas de ensueños, miguitas de ternura y buñuelos en forma de veleta. Y bolitas con miel, y cajeta de amor, y pasteles de cielo, y hierbitas de olor, y árboles de vida, dijo Diego brillando de esplendor. También se comen la tristeza de los niños, pero eso a veces los indigesta, más se curan pronto, dije, porque esa melancolía la transforman de inmediato en fantástica alegría y hacen una fiesta. Llegamos a casita, y aunque esta hermosa historia es ficticia, aunque puede ser verdadera, todos logramos el grandioso objetivo de estar juntos, vivos, unidos, compartir en familia y sonreír felices gozando de la vida. ¡Qué vivan la imaginación y la fantasía, y también lo más hermoso que tenemos, nuestra familia!