RODRIGUEZ29112024

La reingeniería de la UAS
Ernesto Hernández Norzagaray

Mazatlán.- El nuevo problema que ha estallado en la Universidad Autónoma de Sinaloa, con la decisión de la Subsecretaría de Educación Superior del gobierno federal, a cargo de Ricardo Villanueva Lomelí que, exige, sin más, que desaparezca la jubilación dinámica que desde 1979 disfrutan los jubilados académicos, administrativos e intendencia, bajo el argumento-presión de que es una prestación sin soporte financiero y, peor, justifica Villanueva Lomelí, cuando los jubilados reciben también la pensión del IMSS y lapidariamente señaló más o menos: “ganan más sin trabajar, que trabajando”.

Y para ello presenta un estudio actuarial del que no se conoce mayor información de cuándo y cómo se realizó, más que unas gráficas para demostrar que es insostenible esa prestación; además, dice el ex rector de la UdeG, es ilegal, ya que no está reconocida y ha sido pagada con los presupuestos de los gobiernos federal, estatal y propios, argumentando como buen neoliberal que en el largo plazo terminará colapsando a la institución, por el incremento de jubilados, especialmente aquellos, por cierto cada vez menos, que están bajo el amparo de la ley del IMSS de 1973.

Frente a esta postura neoliberal e irreductible del gobierno morenista, el rector Jesús Madueña Molina ha presentado el proyecto de “reingeniería financiera de la UAS”, con el aval de los dirigentes de los ramales académico y administrativo del Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa (Suntuas); en contraste, está la postura de jubilados con distintos matices pero, todos, en contra de aportar una parte escalonada de sus salarios para que no desaparezca la jubilación dinámica y, así, “todos” los trabajadores universitarios independientemente de cuándo ingresaron a la institución, disfruten de la mencionada prestación.

Hasta aquí lo que vemos es que el problema fue provocado por el gobierno federal y le ha pasado la papa caliente a la administración universitaria, que no le ha quedado de otra que acusar de recibido y buscar salidas financieras propias, para evitar que se colapse la institución por ahogamiento financiero; sin embargo, no hay consenso en la comunidad rosalina y la confrontación está a todo lo que da, cuando el sentido común debería convocar a todos, como en los viejos tiempos, y exigir al gobierno federal que cumpla con los compromisos financieros que tiene la UAS con sus trabajadores, no que sean estos los se salven a sí mismos.

De acuerdo con la SEP, la jubilación dinámica representa 2 mil 400 millones de pesos anuales bajo el esquema vigente. Y de allí, que el rector Madueña Molina y sus asesores asuman que es culpa de malas políticas universitarias, y diseñe un proyecto de saneamiento de las finanzas mediante una “reforma académica, laboral, administrativa, financiera y normativa”, destinada a salvar en forma definitiva a la UAS.

Este proyecto contempla la creación de un fideicomiso al que se destinarán las retenciones y aportaciones extraordinarias para financiar las jubilaciones futuras, en tanto las vigentes se entiende seguirán, pero disminuidas.

Contempla retenciones al personal activo que se jubiló bajo la ley de IMSS de 1973: 5% en 2026, más 2 puntos porcentuales cada año hasta llegar al 15% y al jubilarse una retención del 20%; el personal que se contrató con la ley del IMSS de 1997, es decir, los ingresados antes de 2016 empezaran con una retención del 5% en 2026, más 2 puntos porcentuales anuales hasta alcanzar el 15% y, finalmente, el personal ingresado desde el primero de enero de 2016, el 5% en 2026 más 1 punto porcentual anual hasta llegar al 10%.

Sólo por las retenciones y optimización de los recursos el proyecto tendría una captura estimada en 454 millones en 2026 y 2 mil114 millones en los próximos 5 años.

Este tipo de aportaciones de ser aprobadas por las secciones sindicales y el Consejo Universitario vendrían acompañadas de otras medidas de carácter administrativo, que favorecerían ahorros estimados en 50 millones de pesos anuales, así mismo, la eliminación de la prima vacacional para los jubilados, que significan otros 55 millones para 2026, como también, lo que sume por la contención de contrataciones no esenciales y la aplicación de un descuento adicional del 10% a los funcionarios de alto nivel, como aporte al fideicomiso.

En contrapartida, los jubilados equívocamente no rechazan la iniciativa de la Subsecretaría de Educación Superior, porque es más fácil ir con el “patrón”, al que le exigen el cumplimiento de esta prestación reconocida en el Contrato Colectivo de Trabajo, como si esa prestación no dependiera financieramente de la federación y el estado, lo que deja entrever una lucha adelantada por la rectoría en 2029, donde ya hay interesados.

Exigen a sus dirigentes sindicales que presionen al rector Madueña Molina para que cumpla; sin embargo, los líderes sindicales han decidido apoyar la reingeniería financiera con dos matices no menores: uno, que los porcentajes sean diferenciados en función del monto percibido por cada jubilado, es decir, entre más gana, más debe aportar al fideicomiso, socializar el ingreso sin considerar el escalafón de sueldos y salarios, que explica por qué un trabajador gana más que otro; ahora importa el principio justiciero (el famoso 5, 10, 15, 20%); y dos, que de la jubilación dinámica se beneficien todos, independientemente de la fecha en que cada uno se incorporó laboralmente a la casa rosalina.

Lo que poco se menciona es que la SEP pretende, en el mediano y largo plazo, muy neoliberalmente, que sólo haya una jubilación y no una doble jubilación, como hasta ahora existe; es decir, la jubilación universitaria y la que paga el IMSS y dicho de paso, no sólo la UAS la disfruta, hay otras cinco instituciones de educación superior pública que tienen jubilación dinámica, con distintos matices, solo que la UAS tiene el honroso privilegio de haber sido la primera Universidad de tener esta conquista, ya que viene desde 1979, durante el rectorado de Eduardo Franco.

Si esto ocurre, el jubilado universitario perdería una parte importante de sus ingresos por la vía de las aportaciones y a través del ajuste con la pensión del IMSS, hasta que no se demuestre lo contrario.

El incentivo para brindar apoyo a la iniciativa ha sido visto como buena señal para los activos que estaban destinados a una jubilación mínima, o a las aportaciones que se están haciendo a las Afores y ahora, si prospera felizmente la iniciativa ahora y después (es importante el después), tendrán derecho a la jubilación dinámica, o sea, salario completo con sus aumentos anuales para contrarrestar los procesos inflacionarios altos y bajos.

Y también recibirán sus Afores, lo que podría no ser del gusto de algunos beneficiarios insolidarios que hoy perciben la doble jubilación, porque en su lógica el pastel sigue siendo el mismo, nada más que con más invitados.

Hay tres generaciones de universitarios que técnicamente tienen ingresos y futuros jubilatorios diferentes y, unos, son los que hoy apoyan la iniciativa del rector y los sindicatos, mientras la postura de los jubilados podríamos decir que se sintetiza en una consigna política: auditoría administrativa, escuela por escuela, para demostrar que el problema no es financiero, sino de exceso de personal de confianza, que habría entrado durante la época cuenista, combinando en el mejor de los casos labores universitarias, con las partidistas, a través del Partido Sinaloense.

Y es que se calcula, sin exhibir datos contundentes, pero sí esparciendo rumores, que despidiendo a este personal o, lo que coloquialmente se conoce como “aviadores”, la UAS ahorraría lo suficiente para seguir pagando la jubilación dinámica, sin necesidad de las aportaciones, o que estas, si fuera indispensable, fueran menores.

Sin considerar que ese personal de confianza ya generó derechos laborales y los despidos reclamarían recursos frescos para sus liquidaciones, o sea, dirán coloquialmente las autoridades universitarias, saldría más caro el caldo que las albóndigas.

En todo caso, ya veremos lo que representa este segmento en el ajuste administrativo contemplado en el proyecto de reingeniería financiera.

Sin embargo, la iniciativa de “reingeniería financiera”, que de salir avante entraría en operación en enero de 2026, como lo exhibía con cierta ironía el jubilado Efraín Ancona en Facebook, tendría una debilidad que se desprende de que es “enunciativa, no específica”, es decir, afirma Ancona, no se conoce un estudio que permita ver con absoluta claridad en la línea del tiempo cómo evolucionaría y sostendría el fideicomiso. Y más porque hasta ahora no se ha dicho que con la reingeniería se suspenden los pagos a los jubilados, salvo que haya acuerdo sólido de financiamiento del rector Madueña con las autoridades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Púbico.

Los activos y jubilados, ni dudarlo, deben tener clara la película de aquí a 5 o 10 años, o mucho más, antes de que se vote en las secciones sindicales y el Consejo Universitarios. Saber qué se vota, más allá del ruido.

También, es importante saber si en el fideicomiso contará con aportaciones de los gobiernos federal y estatal y con cuáles montos para la alcancía universitaria. Recordemos que el anterior fideicomiso fracasó, por la postura irreductible de un segmento de jubilados, porque fallaron las aportaciones oficiales, y eso debería blindarse con unidad y compromiso, porque no puede, ni debe volver a suceder, porque sería una catástrofe que afectaría a decenas de miles de familias sinaloenses y más afectados los de las últimas generaciones, que por Contrato tienen solo derecho a la jubilación que otorga la UAS o, peor, los que dependen de las aportaciones a su Afore.

Así que revisando un resumen del documento: Reingeniería Financiera de la UAS (véase anexo) uno puede apreciar gráficamente en qué consiste cada una de las piezas de este proyecto de ajuste estructural (no neoliberal, por supuesto) y los montos, que la administración central pretende capturar para conservar la jubilación dinámica y asaltan las dudas, porque el citado documento señala que hay un déficit anual de 831 millones de pesos (Noroeste, 17/09/25) y, según la SEP, el costo de la jubilación en su modelo vigente puede alcanzar hasta 2 mil 400 millones de pesos anuales.

Y eso, para las autoridades universitarias, resulta insostenible, cuyo subsidio no ha crecido al mismo ritmo, aun cuando la Universidad presume de ser una de las mejores universidades públicas del país y por contar con un liderazgo en la promoción de una institución de “puertas abiertas” para todos aquellos que quieran estudiar, es decir, se ha ajustado como pocas a los criterios establecido por el obradorismo para las universidades (véase de mi autoría la “Reforma Trágica de la UAS”, en Politeia 2015, y el libro Autocracia y Universidad: el conflicto del gobierno del Estado contras las autoridades de la UAS).

En fin, ha sido larga la lucha de la UAS por obtener un financiamiento mayor por alumno, como sucede en otras instituciones de educación superior sin lograrlo, pese al lugar que le correspondería según las calificadoras de las Universidades públicas, sea por del tamaño de la comunidad, como por su desempeño en los distintos campos de conocimiento.

Entonces, las preguntas que deben responderse son por un lado a nivel macro si ya hizo el estudio endógeno sólido poniendo las cantidades que saldrían de los diferentes conceptos y que, sumados, alimentarían en una línea del tiempo el financiamiento de la continuidad y extensión de la jubilación dinámica.

En el mejor escenario de esta transición es que los activos y jubilados universitarios acepten con visión y solidaridad hacer las aportaciones previstas en el proyecto y la administración central hace los ajustes administrativos, incluida, la reducción de la plantilla de confianza más la eliminación de “aviadores” que, sin duda, es el recurso mediático, más poderoso de los jubilados renuentes a aceptar el nuevo modelo y lo aprueben, también, las secciones del Suntuas más el pleno del Consejo Universitario:

Y pensando en todos los escenarios posibles de mediano y largo plazo ¿cómo se financiaría la continuación del pago de la jubilación dinámica disminuida por las aportaciones de cada uno de los trabajadores activos y jubilados? ¿Alcanzará para cubrir el déficit anual de los 831 millones? ¿Para sostener también el costo del modelo vigente de 2 mil 400 millones de pesos anuales, que argumenta el estudio actuarial de la SEP?

Y es que el documento de marras afirma que con las retenciones y ajustes se podrá alcanzar un monto de 454 millones de pesos lo que representaría un acumulado de 2 mil 144 millones de pesos en un periodo de cinco años.

Entonces, a primera vista no cuadran las cuentas, salvo que el acuerdo que trae el rector Madueña Molina con las autoridades de la SEP y la SHCP contemple recursos frescos para el periodo de transición y pueda sostenerse unos años, porque, si lo que se va acumulando vía retenciones y ajustes se aporta al pago de la jubilación dinámica vendrá arrastrando un déficit multimillonario cada vez mayor.

Y, repito, previendo todos los escenarios de financiamiento.

Sé que este tipo de ejercicio analítico puede estar omitiendo información generada en las altas esferas de la negociación de este modelo de refundación financiera, pero son las dudas que trae cualquier activo o jubilado y es necesario resolver para que no haya sorpresa en el camino, o mejor, que por un mal calculo o falta de respeto a los acuerdos por razones de “insolvencia financiera” de los gobiernos en el corto y mediano plazo, dejen en una situación precaria a quienes han servido a la histórica Universidad Autónoma de Sinaloa (y es que ya se vio, con el pasado fideicomiso que colapsó).

Y para ver el problema, riesgos y amenazas en su justa dimensión, me quedo con el cierre de las conclusiones del documento de marras: “Su éxito, nos dice el rector Madueña Molina, dependerá no sólo de la aceptación interna de la comunidad universitaria, sino también, del apoyo financiero adicional que se logre conseguir de la federación y el estado”.

Al tiempo.


ANEXO

Reingeniería Financiera de la UAS
Rector Jesús Madueña Molina (2025)

Introducción
En septiembre de 2025, el rector Jesús Madueña Molina presentó públicamente la propuesta de Reingeniería Integral de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). El objetivo central es garantizar la viabilidad de la jubilación dinámica —una prestación emblemática de la institución— y sanear las finanzas universitarias, que se encuentran bajo fuerte presión debido al déficit estructural y al crecimiento de las obligaciones laborales.

La propuesta se plantea como un paquete de medidas académicas, laborales, administrativas, financieras y normativas, que debe ser discutido en los órganos de gobierno universitarios y con los sindicatos.

1. Contexto financiero

La UAS enfrenta un déficit anual cercano a los 831 millones de pesos (Noroeste, 17/09/25). Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), el costo de la jubilación dinámica en su modelo vigente puede alcanzar hasta 2,400 millones de pesos anuales, lo que resulta insostenible para una institución cuyo subsidio federal y estatal no ha crecido al mismo ritmo (PDF oficial, p. 3).

Frente a este panorama, el rector sostiene que sin cambios la Universidad correría el riesgo de colapsar financieramente en los próximos años.

2. Eje central: fideicomiso y retenciones

La medida más importante es la creación de un fideicomiso que asegure recursos para cubrir las jubilaciones a largo plazo. Dicho fideicomiso se financiará con retenciones al personal activo y jubilado, bajo distintos esquemas según la ley a la que pertenecen y su fecha de ingreso:

Personal con Ley IMSS 1973:

Retención del 5 % en 2026.

Incrementos anuales de 2 puntos hasta alcanzar 15 %.

Al jubilarse, aportación del 20 %.

(PDF oficial, p. 5)

Personal con Ley IMSS 1997 (ingresados antes de 2016):

Esquema idéntico al de IMSS 1973: de 5 % a 15 % progresivo.

(PDF oficial, p. 6)

Ingresados desde 2016:

5 % inicial en 2026.

Incrementos de 1 punto anual hasta 10 %.

(PDF oficial, p. 7)

Jubilados:

Inicialmente se propuso una retención uniforme del 20 %, pero la propuesta final plantea un esquema escalonado de acuerdo con el nivel de ingreso, para no afectar de manera desproporcionada a quienes reciben pensiones más bajas.

(Luz Noticias, 19/09/25)

3. Ahorros proyectados

El documento estima que sólo con estas medidas financieras (retenciones y ajustes) la UAS podrá alcanzar:

454 millones de pesos de ahorro en 2026.

2,114 millones de pesos acumulados en cinco años.

(PDF oficial, p. 9)

Estos montos se complementarían con aportaciones extraordinarias federales y estatales, que la UAS ya ha solicitado formalmente ante la Secretaría de Hacienda (Los Noticieristas, 18/09/25).

4. Ajustes en prestaciones

Para reducir el costo de las prestaciones, se proponen cambios sensibles, entre ellos:

Reducción del aguinaldo para personal de confianza (activos y jubilados) a 45 días.

Eliminación de la prima vacacional para ciertos jubilados.

Descuento adicional del 10 % al salario de funcionarios de alto nivel, destinado al fideicomiso.

(PDF oficial, p. 11; Luz Noticias, 17/09/25)

Estas medidas han generado resistencias en algunos sectores sindicales y de jubilados, que las consideran regresivas. El rector ha señalado que no se impondrán de manera unilateral, sino mediante consultas internas (Noroeste, 17/09/25).

5. Medidas administrativas y académicas

El plan incluye una reingeniería organizativa y académica:

Compactación de grupos y fusión de unidades académicas.

Optimización de programas de estudio, buscando mayor eficiencia y pertinencia.

Congelamiento de contrataciones no esenciales.

Ahorros estimados: 50 millones de pesos anuales por reorganización académica; 55 millones en 2026 por eliminación de prima vacacional a jubilados (PDF oficial, p. 13).

Estas medidas buscan reducir la carga administrativa y operativa sin afectar la cobertura educativa.

6. Proceso y participación

El rector ha subrayado que la reingeniería debe pasar por:

Consejo Universitario: para aprobar los cambios académicos y administrativos.

Sindicato SUNTUAS: para negociar las reformas laborales.

Consultas abiertas con trabajadores y jubilados, con el fin de legitimar el proceso y evitar conflictos.

(PDF oficial, p. 14; Noroeste, 17/09/27. Retos y controversias

Legales y laborales: riesgo de que los sindicatos interpongan amparos si perciben violación a derechos adquiridos.

Políticos: la UAS está en tensión con el gobierno estatal, lo que podría complicar la negociación del subsidio.

Sociales: resistencia de jubilados y trabajadores con ingresos bajos a asumir recortes o retenciones adicionales.

Conclusión

La “Reingeniería Financiera” de Madueña Molina es una apuesta de alto riesgo: busca salvar el esquema de jubilación dinámica y dar estabilidad a la UAS, pero exige sacrificios importantes de trabajadores y jubilados, además de una gestión política cuidadosa.

Su éxito dependerá no sólo de la aceptación interna de la comunidad universitaria, sino también del apoyo financiero adicional que logre conseguir de la federación y el estado.