RODRIGUEZ29112024

La Centenaria Rosario Castellanos
Lupita Rodríguez Martínez

Monterrey.- El 25 de mayo de 1925 nació Rosario Alicia Castellanos Figueroa en la Ciudad de México, reconocida como Rosario Castellanos la poetisa, novelista, periodista, feminista, política, diplomática y promotora cultural, a quien gobierno y sociedad rinden homenaje por el centenario de su natalicio.

Rosario vivió su infancia y adolescencia en Comitán de Domínguez, Chiapas, siendo criada por la nana Rufina, quien la acercó a la realidad indígena. A los 23 años quedó huérfana y sintió una necesidad urgente de expresión, por lo cual se convertiría en la primera mujer escritora de Chiapas.

En 1950 retornó a Ciudad de México para estudiar Filosofía y Letras en la UNAM, donde luego de graduarse fue catedrática, así como en las universidades de Wisconsin, Colorado e Indiana. Fue becada en la Universidad de Madrid por el Instituto de Cultura Hispánica y en el Centro Mexicano de Escritores por la Fundación Rockefeller.

En 1958 se casó con el profesor en Filosofía, Ricardo Guerra Tejada, con quien tuvo un hijo, dos abortos y la muerte de una recién nacida. Se divorció después de trece años de matrimonio, tras sufrir depresión e infidelidades. A partir de ahí dedicó parte de su obra a la defensa de los derechos de las mujeres, labor por la cual es recordada como símbolo de feminismo latinoamericano.

Su poesía social, crítica, comprometida o de conciencia se caracteriza por centrar su temática en el ser humano y denunciar atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes detentan el Poder en cualquiera de sus formas, como en el poema “Memorial de Tlatelolco”, el más estremecedor sobre la matanza del 2 de octubre de 1968, que cada año renace como una llama viva de la memoria para recordar la lucha del movimiento estudiantil y el cual aquí reproducimos:

“Memorial de Tlatelolco”
La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche.
Para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién?
¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie.

Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos. (Tlazoltéotl).
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordamos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Rosario es la voz que une a los pueblos por su poesía profunda, rebeldía feminista, citas magistrales, humor fulminante, crítica sin concesiones a la vida pública de nuestra sociedad mexicana y cuyo legado seguirá vivo.