
Cuando la física entra a la taberna de Moe
La vida sería trágica si no fuera graciosa.
Stephen Hawking
Monterrey.- Quién pensaría que la Teoría del Campo Unificado, o la posibilidad de un universo con forma de toro podrían aparecer en una caricatura como Los Simpson. Y, sin embargo, allí estaban: escondidos entre bromas, cervezas Duff y las siempre hilarantes desgracias de Homero. En uno de los episodios más memorables de la serie, hizo acto de presencia nada menos que el propio Stephen Hawking (1942-2018), uno de los físicos teóricos más brillantes y populares de nuestra era, célebre por sus aportaciones sobre la radiación de los agujeros negros (Hawking, 1974) y por sus exitosos libros de divulgación, entre ellos Historia del tiempo (Hawking, 1988) o El universo en una cáscara de nuez (Hawking, 2001).
El episodio en cuestión es el número 22 de la décima temporada de la serie. Allí, Lisa Simpson —la siempre culta y precoz hija de Homero y Marge— se lamenta: “los inteligentes no tienen poder y los estúpidos lo tienen todo”. En busca de un mundo mejor, escribe una carta que es respondida por los miembros de MENSA, una organización internacional para personas con un coeficiente intelectual superior a 148. Animada, Lisa se integra a este grupo de “genios” que, en Springfield, decide tomar el poder de la ciudad.
Lo curioso es que, a pesar de su IQ, pronto los nuevos gobernantes empiezan a discutir y a pelear, incapaces de llegar a acuerdos. El caos intelectual termina con la aparición inesperada de Stephen Hawking, representado con su inconfundible silla de ruedas motorizada y la voz sintetizada de su computadora. Hawking afirma tener un IQ de 280 y, con ironía, critica tanto a los “sabios” de Springfield, como a su propio fracaso en el desarrollo de la Teoría del Campo Unificado, esa misma que Albert Einstein buscó en vano durante los últimos años de su vida (Pais, 1982).
La genialidad del guion alcanza su punto más divertido en la taberna de Moe, donde Homero y Hawking beben juntos una cerveza Duff mientras discuten… ¡sobre la forma del universo! El astrofísico se muestra intrigado por la disparatada teoría de Homero: un cosmos en forma de rosquilla, o mejor dicho, un toro topológico. Con fina ironía, Hawking incluso bromea con la idea de “robarle la teoría” al padre de familia más torpe de la televisión.
La escena final roza lo sublime y lo absurdo: un choque de mundos entre la sabiduría científica y la estupidez cotidiana. Ante la eterna pregunta de “¿quién paga las cervezas?”, Hawking —o más bien el brazo mecánico de su silla— le lanza un izquierdazo a Homero, obligándolo a hacerse cargo de la cuenta. La caricatura demuestra así que la ciencia, la filosofía y la risa pueden convivir en un mismo espacio… incluso en la barra pegajosa de Moe.