
Monterrey.- El análisis de la plutocracia tecnológica que hoy gobierna Estados Unidos presenta, al menos, tres vías de análisis: la del desarrollo del poder capitalista, al cual corre paralelo el de la tecnología digital, la del Estado en sus tendencias actuales, y la del destino de los países de América Latina y el Caribe, frente a las amenazas a su soberanía y sus recursos naturales que entraña la política exterior del gobierno de Donald Trump. Una política que no puede entenderse sino en el marco de una reformulación geopolítica mundial donde se vislumbra una correlación de fuerzas con tres polos y sus correspondientes zonas de influencia: China, Rusia y el propio Estados Unidos.
La plutocracia estadunidense y su tecnología monopolizada
Son tres los hitos económicos y sociopolíticos que explican la creciente influencia de la tecnología y la plutocracia que tienen en sus manos las gigantes digitales de la comunicación y la información en el gobierno de Estados Unidos, subrayadamente en el encabezado por Donald Trump.
El primero de esos hitos fue la más reciente expansión del capitalismo con la puesta en marcha de lo que se ha venido a conocer como neoliberalismo; esto es, la globalización franca de la economía, acompañada de la acromegalia monopólica y oligopólica de las economías nacionales. Sus efectos han sido el traslado y concentración de la mayor parte de las riquezas nacionales al usufructo o la propiedad de las más grandes empresas nacionales y transnacionales: un proceso que produjo un mayor empobrecimiento y control de los pueblos, el avance político de la burguesía empresarial, expresado en las fuerzas cada vez más amplias de la derecha, y la disminución de las capacidades del gobierno como instancia de ordenamiento y redistribución para asegurar los objetivos del poder económico y político de la plutocracia. En esta tendencia cabe apuntar el colapso de la Unión Soviética y su sustitución por un estado capitalista, y la breve dominación unilateral del sistema económico del planeta con epicentro en Estados Unidos.
Un hito paralelo que acompañó a la globalización neoliberal fue el desarrollo de la tecnología digital. El principal beneficiario de esta tecnología fue el capital financiero. Tal tecnología permitió un flujo veloz e incesante de capitales nunca visto en relación con el de cualquier otra mercancía, y el fortalecimiento de la especulación financierista, una vía adicional de la concentración de la riqueza producida. El siglo XXI ha sido marcado por sus efectos, entre ellos las dos crisis de 2002-2003 y la de 2008 en Estados Unidos.
Un hito más fue la pandemia de Covid-19. El confinamiento social demandó salvar las distancias y con ello el desarrollo de dispositivos digitales más potentes. La economía se supeditaba a la capacidad de Internet para satisfacer diversas actividades. Avanzaba una nueva forma de propiedad: la ejercida sobre ese espacio, llamado la nube, donde se aloja un enorme banco de información de dimensiones planetarias y desde donde se permite y propicia el acceso a ella, y aumentarla a cada dato que los millones de usuarios ponen a disposición de las empresas dueñas de las rutas y el universo de información controlado por ellas. En este proceso surgió lo que hoy ya se percibe como la superpotencia en ascenso: China y la permanencia de Rusia como potencia económica y militar, con lo cual la geopolítica se torna multipolar.
El hito más reciente es el desarrollo del procesador masivo de información llamado Inteligencia Artificial. La lucha por hacer de este dispositivo el eje del saber, la formación, la gestión y realización de muy diversas actividades, la dirección ideológica y la apetencia de apropiación creciente e insaciable de bienes, según los dictados del algoritmo, es una lucha feroz entre las empresas del ramo. Implica una mayor capacidad de control de todas las actividades económicas, sociopolíticas y culturales, así como una mayor destrucción desde el punto de vista militar. Históricamente las tecnologías más desarrolladas, por lo demás, se han visto potenciadas por las actividades militares. Hoy, el hito que marca la IA coincide con un mayor impulso a las maniobras vinculadas a la guerra. De tal manera que los beneficios que se le atribuían y se le atribuyen a la IA resultan menores a las posibilidades de destrucción y del control social necesario para desear y legitimar la guerra, la destrucción.
El papel que han venido jugando las gigantes tecnológicas de Estados Unidos, como gran espacio de libertad de expresión y difusión y de oferta y demanda cognitiva, se vio como alternativo al de los medios tradicionales de comunicación. Ya se ha probado —el mejor ejemplo es Tweeter, ahora X, en manos de uno de los hombres más ricos del mundo, con una mentalidad supremacista, explotadora, discriminatoria, colonialista y golpista—, que los dueños de las empresas que controlan la nube, a través de Internet, participan en el diseño y ejecución de un gobierno imperialista más definido y desembozado —aunque con señales de decadencia— donde anidan la manipulación y la censura más descarnadas como es el que encabeza Donald Trump.
La plutocracia y el binomio político y económico del Estado
Aún en nuestros días y desde posiciones de izquierda se sigue viendo al Estado tal como lo fabularon los pensadores de la Ilustración: una entidad cuya función de arbitraje imparte justicia desinteresada a los otros dos círculos intersectos: el del conjunto de la economía gestionada por individuos privados y el de los demás sectores de la sociedad. En términos de poder, si a estos círculos nos los representáramos en un diagrama de Venn, el círculo ocupado por el Estado ocuparía la mayor superficie y se intersectaría con los otros dos en un espacio menor. Esta representación del Estado se mantiene desde hace dos siglos y medio. A partir de los años ochenta del siglo XX, sin embargo, se empezó a revelar lo que el Estado siempre ha sido: un binomio con dos hemisferios, el público y el privado, es decir, el gobierno y el conjunto de los empresarios de mayor peso en un país. Gobierno y empresarios comparten un círculo con diferentes y cambiantes espacios de poder. El círculo del binomio público-privado deja, en su intersección con el círculo que ocupan los no propietarios y demás sujetos a sus decisiones, un muy pequeño espacio de poder.
Con la expansión de la masa de capitales en cada vez menos manos, el hemisferio privado de la dominación burguesa creció a costa del hemisferio público hasta llegar a superponerse a este. El mejor ejemplo es el Estado tal como hoy lo vemos en Estados Unidos. Usualmente se ha querido mantener la distinción entre el poder público y el poder privado situando a este último en el ámbito de la llamada sociedad civil. Hoy esa simulación no es posible mantenerla. Los ultrarricos ostentan el poder en ambos hemisferios del Estado. No es coincidencia que un país latinoamericano —Ecuador en este caso— presente características no iguales pero sí parecidas a las de Estados Unidos. Y tampoco que para ejercer su poder en ambos países, la plutocracia eche mano de métodos fascistas. Para los ciudadanos que no actúen como sus empleados incondicionales, estigma, listas negras, criminalización y mano dura. Un neomacartismo en curso.
El objetivo de los plutócratas es gestionar al gobierno, es decir al hemisferio público, de la misma manera antidemocrática que se gestiona una empresa. Ya los criterios empleados en el ámbito de los negocios han sido adoptados por ciertos burócratas del aparato gubernamental: oferta y demanda, costo-beneficio, competitividad. Pero no es sólo en el plano del mimetismo cultural. Las campañas electorales, en el diseño estadunidense que copiamos en nuestros países, se han convertido en un mercado de candidaturas, partidos y puestos de elección. La representación resultante es, en este sentido, una farsa. Se calcula que en la composición de la casa de representantes de Estados Unidos, la industria armamentista controla entre el 15 y el 20 por ciento de los congresistas. Y así otras grandes industrias: la petrolera, la automotriz, la eléctrica (hay que recordar a Enron) tienen el control de considerables segmentos de los parlamentarios en Washington. En la última elección fue el poder de las gigantes digitales de la información el que decidió el triunfo de Donald Trump y de la mayoría de la representación política del Partido Republicano. Con los 365 millones de dólares que un solo empresario —Elon Musk— aportó a su campaña podrían resolverse varios de los problemas de los Estados Unidos que su política ni su presupuesto alcanzan a atender. Javier Milei hizo una visita especial a las oficinas de Marcos Galperín. ¿Fue sólo porque al actual presidente de Argentina le encanta hacer compras en Mercado Libre?
Rousseau fue el único de los pensadores ilustrados que se hizo la pregunta más pertinente sobre el poder social: “¿Quién manda?”, dijo. Aunque no la haya podido contestar cabalmente, es la pregunta clave para determinar quiénes son nuestros enemigos y cómo podemos enfrentarlos. Los bolivianos lo supieron: después de conquistar el gobierno, afirmaron no tener el poder. La oligarquía santafesina se mantuvo minando el suelo de sus lideratos y esperó a que se generaran debilidades internas en las fuerzas del MAS para avanzar en el regreso del gobierno a su redil, como pronto lo veremos.
En el hemisferio privado del Estado, los líderes se mantienen regularmente en la dirección de sus empresas ad vitam aeternam. No tienen que ser producto de una elección donde la mayoría de los votos asegura o renueva su continuidad; basta con que el o los detentadores del mayor número de acciones establezca quién preside la asamblea de accionistas para continuar en el puesto. Por ello es que en el seno del hemisferio privado del Estado la dinastía sean uno de sus rasgos característicos.1 Su influencia social y política es tan determinante, que si hay un destino que les acompañe, ese no es el de los tomatazos, como pasa con los políticos que se tornan impopulares (Nixon), sino la impunidad. En los juicios de Nuremberg no les fueron impuestas sanciones por los crímenes de guerra cometidos a los responsables de las fábricas Krupp, Siemens, Volkswagen y otras por producir las armas para el régimen nazi. La sanción para Donald Trump, por los más de 30 delitos que se le imputaban y por los que fue sentenciado, no fue la cárcel, sino la Casa Blanca. En México, el empresario Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca, Elektra y otras) debe al fisco 68 mil millones de pesos, todos los días ataca al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y pretende postularse como candidato de algún partido de derecha para las elecciones presidenciales de 2030. Baste con estos ejemplos para saber cuál de los dos hemisferios del Estado es el que manda.
1 Ver Nuncio, Abraham, El grupo Monterrey, México, 2025. Ed. Penguin Random House.
Propuestas a manera de conclusiones
En el grupo de trabajo que participamos en la organización de este evento consideramos que debíamos plantearnos con toda claridad, qué hacer frente a Donald Trump y sus múltiples amenazas de sometimiento, despojo, actos expropiatorios y continuidad de un capitalismo de guerra escoltado por las gigantes tecnológicas de la información para los países de América Latina y el Caribe. No hay otra que elevar y ampliar los espacios del debate, por un lado, y organizarse por el otro para incidir lo más posible en la base social para que pueda presionar a nuestros gobernantes a tomar decisiones de integración, si no es que de unidad, en el subcontinente, frente a Estados Unidos. En lo inmediato, por lo menos, de acuerdos para crear un par de nubes y medios públicos que puedan competir con los de esta y otras potencias imperialistas en la defensa de nuestra soberanía y de espacios libres de censura, como es la que ejerce y ejercerá con mayor fuerza la plutocracia tecnológica de la información que tiene su sede en Estados Unidos.
Es evidente que mientras nuestros países se mantengan aislados o ligados por enlaces débiles, el binomio estatal en manos de la plutocracia imperialista podrá avanzar o cuajar con mayor facilidad sus objetivos de avasallamiento.
Por supuesto, tareas como esa suponen un trabajo y una posible realización de largo plazo. Hay otras que podemos promover donde las comunidades puedan ir autogestionando la solución de sus problemas —un proceso que implica la adquisición de una conciencia crítica—, mediante el ejercicio de la palabra. Pienso en las radios comunitarias, un proyecto que está más al alcance de la práctica de las bases sociales y de grupos organizados de intelectuales al servicio de sus necesidades.
Pero la propuesta más realista, inmediata y la que puede ser un acuerdo de esta reunión es la de crear una coordinación latinoamericana y caribeña de organizaciones activistas, de académicos, de movimientos sociales que abracen causas de preservación, defensa y resistencia. Es una lastimosa paradoja que en prácticamente todas las organizaciones de mayor visibilidad en América Latina y el Caribe se insista en las ideas de integración y unidad de nuestros países, pero que esas ideas no se pongan en práctica para crear una coordinación de todas ellas, a la que podrían sumar grupos de obreros, campesinos, artesanos, artistas y otros para conformar una voz en el subcontinente dotada de capacidad de propuesta, convocatoria e irradiación cultural.
Hay que aprovechar la presencia de gobiernos que apoyarían una iniciativa como esa. Es una presencia que, dadas las actuales circunstancias, no podemos esperar que siempre podamos contar con ella.
Creemos esa coordinación. Que ella sea la gran resolución de este foro.
* Ponencia presentada al Coloquio Internacional celebrado en la ciudad de Caracas, Venezuela, el día 4 de octubre de 2025.