
Mérida.- El fascismo se está apoderando de Estados Unidos de la mano de Donald Trump, el convicto megalómano que, con engaños, demagogia y violencia institucional, se encaramó en la silla presidencial de ese país, y está resultando ser más peligroso, aun para la humanidad que lo que ingenuamente creían muchos de los electores estadounidenses antes de que llegara al trono.
Ha sido tal el número de daños causados por su política de agresión a otros países y al suyo mismo que, además de estar ocasionando una crisis mundial, ha provocado, en la potencia del norte, un levantamiento en su contra cada vez mayor.
Las órdenes dictadas a sus esbirros de detener migrantes y, sin previo juicio, deportarlos, es similar a la que las hordas nazis realizaban en la Alemania hitleriana para detener judíos, gitanos, comunistas, etc., por el sólo hecho de serlo. Nada más que en el caso estadounidense, la irracional conducta del magnate atenta contra los intereses de su propio país al dejar sin mano de obra a empresas de todo tipo que emplean a las personas que, por montones, irracionalmente, sus falanges detienen y deportan.
Es tan torpe su forma de pensar que no mide las consecuencias de las órdenes que da. Su política de poner aranceles a los productos de otros países está ocasionando carestía e inflación en el suyo; su padrinazgo al genocida Netanyahu para que siga tirando bombas sobre países vecinos y asesinando a miles de seres humanos en Gaza, es prueba de su mentalidad de sátrapa; su persecución de trabajadores migrantes que son los que hacen posible que en los hogares o negocios estadounidenses se disponga de muchos bienes y servicios exhibe los alcances de su cerebro de pollo.
En el colmo de la egolatría ordenó que se organizara un desfile militar, el sábado 14 de junio, so pretexto de cumplirse 250 años de la creación del ejército de los Estados Unidos, pero, realmente, para festejar que ese día él cumplía 79 años de existencia. Washington, sede del desfile auto laudatorio fue el único punto donde no se registró alguna de las más de 2 mil marchas que se celebraron ese mismo día a lo largo y ancho del país para oponerse a sus políticas, tan rechazadas, que cada día cae más en las encuestas.
Fueron decenas de miles de personas las que se movilizaron por toda la geografía estadounidense para expresar el repudio que cada vez más ciudadanos sienten hacia este führer trasnochado. La consigna que enarbolaron fue “No tenemos reyes”, en alusión a un mensaje que el obtuso mandatario emitió en febrero pasado en su cuenta de X donde hizo acompañar una portada falsa de la revista Time, en la que aparece con una corona en la cabeza, con la frase “Larga vida al rey”, confesando cómo se percibe.
No se tiene memoria de que hubiera habido en Estados Unidos tal número de manifestaciones -la movilización fue en los 50 estados de la Unión Americana- de manera simultánea y tal cantidad de manifestantes en cada una, como ahora. Antecedentes son las movilizaciones de 1968 contra la guerra de Vietnam, las expresiones masivas de indignación por los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, las protestas del movimiento Occupy Wall Street, contra la desigualdad y otras más. Estas, sin embargo, se destacan por ir dirigidas contra un solo hombre que en el lapso de unos meses tiró por la alcantarilla todo el capital político que acumuló.
Antes de llegar a la silla presidencial estuvo proclamando que en poco tiempo terminaría con los conflictos bélicos que en estos días se desarrollan como el de Rusia-Ucrania y el genocidio de los sionistas en Palestina. Pero lo que ha ocurrido es precisamente lo contrario porque no sólo no ha terminado con ellos sino que los ha exacerbado y los ha aumentado en uno más, por los ataques que intempestivamente inició su marioneta Netanyahu contra Irán, mismos que él, irresponsablemente ha respaldado.
Como buen perturbado mental que es, hace unos días, ante las gestiones de empresarios agrícolas, restauranteros y hoteleros que hablaron con él para decirle que los estaba afectando con sus razias de trabajadores de esos rubros, Trump les dio públicamente la razón y ordenó a su servicio de migración pausar esas redadas. Pero el lunes la Casa Blanca informó que se había anulado la orden y continuarían los operativos.
Y en el caso de Irán, primero jugó al que era neutral. El domingo se puso esa máscara y dijo: “Irán e Israel deben llegar a un acuerdo”; pero el martes, cuando las bombas empezaron a caer también sobre Tel-Aviv, se la quitó. Refiriéndose al jefe de Estado de Irán, el Ayatola Alí Jamenei y -como un matón del lejano oeste en película de Hollywood- escribió en un mensaje de su red: “Sabemos exactamente dónde se está escondiendo. Es un blanco fácil, pero está seguro ahí -No lo vamos a eliminar (¡matar!), por lo menos no por ahora”. Y en otros más puso: “Nosotros ahora tenemos control completo y total de los cielos sobre Irán” y “¡Rendición Incondicional!”.
La humanidad está en ascuas del mismo modo que lo estuvo a mediados del siglo pasado cuando otro enfermo mental, Adolfo Hitler, acompañado de su propio grupo de criminales sin entrañas y auspiciados por fuerzas del gran capital quiso también apoderarse del mundo aprovechándose del miedo que sus falanges infundían. Sólo que mientras el descocado nazi sometió a su país matando o mandando a campos de concentración y hornos crematorios a quienes le sobraban, el pajarraco de colores gringo no puede hacer lo mismo.
Las manifestaciones del sábado mostraron que la inmensa mayoría de su país no está dispuesta a mantenerse pasiva frente a sus atropellos. La foto del senador Alex Padilla en el suelo con la rodilla encima de un guarura en una oficina pública donde daba una conferencia de prensa la secretaria de Seguridad, Kristi Nohem, sólo por querer hacerle una pregunta; o noticias sobre la detención del contralor de Nueva York y candidato a la alcaldía, Brad Lander, sólo por exigir la orden por escrito a agentes del ICE para arrestar a un inmigrante, muestran la deriva autoritaria en el país.
Hacemos votos porque termine pronto esta negra noche para Estados Unidos y para el mundo.