RODRIGUEZ29112024

En favor del normalismo
Benigno Benavides Martínez

Monterrey.- Solo se llega a ser normalista por vocación, ya sea innata o adquirida. Otros caminos pueden llevar a otras profesiones, pero la de profesor normalista proviene exclusivamente de la vocación. Suele esperarse mucho de la educación, mucho más de lo que las evidencias pueden mostrar, siendo el caso del normalismo un ejemplo ilustrativo. El normalismo conduce a trabajar como profesor de educación básica en alguna escuela pública enclavada en una comunidad popular, sin esperar grandes ingresos económicos ni importantes reconocimientos, a no ser que sean auto adjudicados, gremiales y provenientes de la antigüedad o del cumplimiento casi como un deber. En este sentido el normalismo va integrando su identidad iniciada en el ingreso a una Escuela Normal y fortalecida en el desempeño docente.

El marco de referencia de este escrito es muy estrecho, se reduce a mi experiencia como estudiante normalista y a mi desempeño como profesor de educación primaria, ambos realizados en el estado de Nuevo León; sin embargo, considero importantes las argumentaciones que aquí se exponen, pues provienen de vivencias directas ubicadas en un tiempo de grandes transformaciones educativas, pero, sobre todo, me motivo a exponerlas porque con cierta frecuencia escucho, entre pláticas de profesores, expresiones enfocadas a la defensa del normalismo, lo cual no me causa mayor extrañeza, debido precisamente a su insistencia, pero no deja de causar cierta inquietud por conocer la razón de dicha defensa. La defensa se hace en respuesta a que se siente una amenaza, cierta o imaginada, identificada solo por la intención de afectar de algún modo al normalismo, sin precisar su origen ni sus alcances y mucho menos sin poder estimar la magnitud de su poder, además de no acercarse a la realidad a través de evidencias. Desde luego que una defensa no se puede hacer si no se identifica la amenaza, razón por la que considero de mayor importancia que una defensa sin enemigos, la posibilidad de destacar las particularidades del normalismo como fortaleza de la educación pública del estado de Nuevo León. El normalismo, como postura que asimila el apego a la identidad de la educación normal y a sus instituciones se sustenta en la formación de profesores para desempeñarse como docentes en escuelas públicas, por lo que ambos procesos, formación y desempeño se encuentran en estrecha unidad.

Un análisis de la educación normal con sentido sociológico nos conduce a considerar que las instituciones, como constitutivas de la sociedad, se encuentran en procesos dinámicos de cambio y que sería muy difícil encontrar elementos que “amenacen” una institución, por lo que defenderlas sería igualmente difícil de argumentar; simplemente las instituciones cambian en el contexto social, pero lo que sí tiene sentido y se percibe como amenaza es desde la postura de la organización escolar, que la hacen objeto de crítica desde la política, la economía, la ideología, la comunidad y la situación laboral de sus trabajadores. Es en estos contextos en los que se puede puntualizar la problemática, pero cayendo fuera de procesos educativos.

Más que hacer una aproximación a través de contextos, vamos a enfocarnos en lo propio de la educación normal a través de dos líneas: por un lado, lo propiamente educativo en cuanto a currículum, profesores, estudiantes y formación; al mismo tiempo nos vamos a referir al desempeño profesional de sus egresados. Como punto de vista comparativo destacaremos las características fundamentales que imprimieron carácter identitario a la educación normal en Nuevo León, específicamente al papel de Pablo Livas Montemayor como pedagogo y profesor.

La educación normal curricularmente se orienta por la formación de maestras y maestros de educación básica a través del estudio de diversas licenciaturas en educación. La especificidad de la educación normal radica en la formación para la enseñanza, a diferencia de otros currículos profesionales en educación, que pueden inclinarse hacia la administración, la planeación, el idioma inglés, la evaluación y otras áreas. Se destaca como fortaleza esta tendencia hacia la enseñanza debido a su interacción con estudiantes, niños y jóvenes con sus familias. Las interacciones con los mismos actores suelen mantenerse a lo largo de un año, pudiendo prolongarse a través de la escuela y la comunidad, e incluso volverse intergeneracionales. La relación con la comunidad se cimenta también sobre el trabajo del maestro, ya que la escuela es parte de ésta; de tal modo que es usual que las maestras y maestros participen en campañas de salud, limpieza, cuidado ambiental y otras, fuera del aula y de la escuela a nivel de comunidad. La enseñanza es también colectividad, trabajo en equipo de profesores en donde se toman decisiones, pero la característica fundamental del trabajo docente es la interacción con niños y adolescentes, lo que reclama del profesor un profundo conocimiento de la niñez y adolescencia, no solo como estudiantes sino, sobre todo, como personas en formación, susceptibles de aprender cualquier cosa y deseosos de seguir aprendiendo, pero también inmersos en problemáticas emocionales, familiares, sociales y hasta de trabajo.

La enseñanza en la formación de normalistas se ejerce por especialistas, frecuentemente distantes de la enseñanza básica, aunque pudieron haberla ejercido. Su docencia es semejante a la que se realiza en otras instituciones de educación superior, sin poder precisar una identidad que sobrepase la otorgada por su cáthedra. Como en todas las instituciones educativas había buenos, malos y regulares profesores. Maestros inolvidables como Isabel Bello Pérez, Jesús García García, Leonel Vázquez Aguilar, José Ángel Faz Mendoza, Carlos Benavides, Lucinda Morales, Oscar González Valle, eran verdaderos ejemplos para seguir y bien se podría hacer una semblanza de cada uno de ellos. Otros maestros cumplían bien con su trabajo y algunos otros, en verdad, no daban muestras de su capacidad, aunque la tuvieran. De todos modos, la escuela funcionaba ordenadamente, aunque con diversos quebrantos de paros y protestas estudiantiles, reclamando la solución urgente de problemas añejos.

Los estudiantes por su parte suelen ser muy organizados tanto al interior de la institución, como en relación con otras instituciones normales, tal vez debido al origen popular del alumnado, se siente de inmediato la solidaridad. En una conferencia celebrada hace tiempo, la cual fue dictada por un importante funcionario de educación y cultura, explícitamente hizo alusión a su origen normalista, puntualizando que, como estudiantes normalistas “todos éramos pobres”, lo cual era causa de molestia para algunos de ellos, pero que como un “sello de origen” facilitaba la rápida integración de los profesores a la comunidad. Esta situación llegó, en algún tiempo, al grado de otorgar compensaciones económicas a los estudiantes cuyas familias no podían sostener sus estudios y que en el caso de ser foráneos les era muy difícil su estancia en Monterrey.

Como institución, la Escuela Normal es representativa del normalismo, no solo como atribución automática, sino más bien por el impulso que le brinda. Para su caracterización vamos a recurrir, a la manera de un modelo que se ha vuelto ideal, al personaje más destacado de la institución, quien, con acuerdo a un juicio muy personal, sería el profesor Pablo Livas Montemayor.

Toda institución, en su historia y legitimación debe tener un personaje representativo, y en este caso la figura de Pablo Livas aparece nítidamente. Su origen es nuevoleonés, de condición económica poco pudiente, de familia trabajadora, estudió la carrera de Profesor de Educación Primaria en la Escuela Normal de Monterrey, además de realizar otros estudios. Trabajó en varios empleos, pero su desempeño como profesor es lo más significativo.

La integración de su personalidad se constituye a partir de sus estudios y de su desempeño como profesor, pero se enriquece enormemente por sus aportaciones pedagógicas en las “Lecciones de Pedagogía” y sobre todo en la elaboración y edición de la Revista “La Escuela Nuevoleonesa” Esta última, en la que se encuentra lo más valioso de su pensamiento pedagógico, en la que presentaba análisis de las principales corrientes internacionales de la pedagogía de su época, también presentaba libros de texto para primaria y educación superior, además de los materiales didácticos más avanzados y los desarrollos en medicina e higiene escolar; aparte, la revista se adicionada con hermosos grabados con temas alegóricos. Esta revista es, sin duda alguna, la más importante obra pedagógica que se ha publicado en Nuevo León, de un valor trascendente para profesores, estudiantes y autoridades educativas.

La educación, como institución fundante de la sociedad, tiende una serie de relaciones con todas las demás instituciones, las cuales deben ser armoniosas. En el caso de la educación Normal de la época de Livas, la relación entre la educación con la sociedad era la más deseable, identificable por lo menos en tres ámbitos: el político, el económico y el social. La situación política del estado conoció estabilidad y reconocimiento gracias a la figura del gobernador Bernardo Reyes, quien dio un gran impulso a la educación con la fundación de escuelas públicas, facilidades para escuelas privadas, organización y administración de la Instrucción a través de instancias de la administración estatal y sobre todo el apoyo a la formación de profesores en la Escuela Normal.

El liderazgo social de la época, encabezado por los empresarios industriales y comerciantes reconocían las bondades y los beneficios de contar con un buen sistema educativo, pues esto traería bienestar para todos. Por otro lado, la economía crecía gracias al desarrollo industrial, demandando trabajadores y empleados cada vez mejor calificados, por los cuales ofrecía atractivos salarios y prestaciones sociales.

El normalismo nuevoleonés vivió su época de distinción académica, social, económica y política forjando una identidad que se ha mantenido a lo largo de más de un siglo y perdurando como ejemplo institucional. Defender el normalismo no puede ser un acto de simple solidaridad, si no se acompaña de acciones que lo fundamenten, las cuales se deben verificar por lo menos en ejes como:

Firmes políticas de apoyo a la educación de parte de los diversos niveles de gobierno, dejando de calificar a la educación como un gasto negociable con actores políticos.

Valoración de la educación pública en sí misma, como estrategia de desarrollo y bienestar dejando de utilizarla como instrumento en busca de utilidad inmediata.

Formar pedagogos, no solo docentes, para visualizar las dimensiones y los alcances de la educación, tomando como modelos a personajes como Pablo Livas.

La escuela nuevoleonesa no es nueva, pero debe ser renovada como educación pública con un gobierno capaz e interesado en la educación, líderes sociales y empresariales con la convicción de formar una sociedad educada, y en el centro de las acciones educativas, maestros formados para ser docentes y pedagogos integrados a la comunidad que los valora por lo que son, por lo que saben hacer y por su compromiso social.