RODRIGUEZ29112024

El tercer escenario
Víctor Reynoso

Puebla.- Lo ya dicho: partiendo de la relación entre el presidente Lázaro Cárdenas y el Jefe Máximo Plutarco Elías Calles, hay tres escenarios posibles para la relación entre la presidenta Sheinbaum y el expresidente López Obrador. El primero es alienarse, como Abelardo Rodríguez. El segundo renunciar, como Pascual Ortiz Rubio. El tercero deslindarse, como Lázaro Cárdenas.

Todo indica que ya estamos en el tercer escenario.

No hay precedentes en dos hechos que hemos visto en las últimas semanas. Primero la acusación al exsecretario de seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, de haber dirigido al grupo delincuencial La Barredora, cuando era gobernador de ese estado Adán Augusto López. Además de gobernador, fue secretario de gobernación y es ahora líder de la mayoría en el Senado.

Quizá más fuerte es la acusación a altos mandos de la Marina de participar en actividades ilícitas, como contrabando de combustible. El tamaño de esas actividades desborda la capacidad de imaginación del ciudadano común. Un fraude fiscal al Estado de dimensiones que no se conocían.

Hay que añadir el maltrato que ha sufrido el heredero, Andrés Manuel López Beltrán.

Todo esto afecta de manera grave y definitiva la imagen del expresidente López Obrador. Seguirá teniendo sus simpatizantes, sin duda. Pero está muy lejos de su sueño de tener un lugar en la historia junto a Benito Juárez, como los mejores presidentes que ha tenido México.

Detrás de la existencia de un grupo como La Barredora hay sufrimiento humano en grandes dimensiones. Huérfanos, viudas, madres y padres que perdieron a sus hijos. Eso deja huella por varias generaciones.

Y la Marina, la institución más prestigiada de nuestro Estado, tanto dentro como fuera del país, ha sido manchada como no se había manchado a ninguna otra. ¿Qué piensan y sienten nuestras fuerzas armadas ante ese agravio? ¿Qué imagen les queda del expresidente de la 4T?

El proceder jurídico, tanto contra el presunto líder de La Barredora, como contra los presuntos contrabandistas de combustible y otros delitos, marca una distancia entre el gobierno de Sheinbaum y el de López Obrador. Parece indicarnos que la presidenta ha optado por el tercer escenario, deslindarse de su antecesor.

Lo más probable es que los más altos responsables de estos hechos no serán tocados jurídicamente. Políticamente puede decirse que algunos son ya cadáveres políticos. Pero no se les aplicará la ley. Tampoco la justicia. Sólo la gracia, recordando a Juárez: el olvido legal, a cambio de su muerte política.

Lo importante de todo esto es que resulten bienes públicos. Que se cambie la actitud del Estado ante la delincuencia. No sólo se enviaron abrazos a los delincuentes. Se les permitió apoderarse de nuestras instituciones públicas.