
Mérida.- El primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum fue una apretada síntesis de la enorme e intensa labor desplegada por su gobierno, en el primer año de su fructífero mandato, que desmiente la sarta de calumnias de la menguada oposición y sus multimillonarios acompañantes, los diarios de la derecha -todos- y los comentócratas maiceados de esos diarios, la televisión, la radio y las redes de internet, que no cesan de armar narrativas inventadas que no se sostienen porque al compararlas con la realidad, se concluye que lo que publican es pura basura.
Según sus dichos, vivimos en un país que se está cayendo a pedazos, donde la pobreza aumenta de manera galopante, la economía está al borde de la quiebra; la carestía ahoga a los consumidores; el crimen organizado se ha apoderado del gobierno, la corrupción de sus integrantes es notoria, la oposición es reprimida, el país se ha militarizado, han desaparecido las libertades, la prensa está silenciada, vivimos al borde de la dictadura y otra sarta de mentiras.
Lo que narran se parece más a lo que vivíamos cuando eran ellos, los políticos de la derecha, quienes gobernaban, apapachados por los magnates de la prensa y sus lacayos, mismos que ahora los defienden, y muchos de sus gobernadores, tarde que temprano, paraban en la cárcel. Ejemplos, los Granier, los Yarringtón, los Borge, los Padrés, los dos Duarte, o huían al salir del cargo para no ser atrapados, como el panista Cabeza de Vaca.
Otros, no caían porque huían del país y luego con la ayuda de sus partidos obtenían fuero para volver sin ser perseguidos, como Ricardo Anaya, seis años oculto en Estados Unidos, acusado de soborno, después de recibir 6 millones de pesos de Emilio Lozoya por aprobar la reforma energética de Peña, que ahora es coordinador de la bancada del PAN en el senado.
“Hoy vengo a rendir cuentas, no con palabras vacías, sino con resultados, que se reflejan en la vida cotidiana de millones de mexicanas y mexicanos”, expresó la presidenta al inicio de su rendición de cuentas que una exposición basada en cifras, de todo lo mucho que ha hecho su gobierno en este lapso, sin dejar de dar crédito a la parte hecha por su antecesor, el presidente López Obrador, pues nadie ignora que su gobierno no surgió de la nada: es la segunda etapa de un fructífero periodo de transformaciones iniciado cuando el pueblo así lo quiso.
“Es pertinente mencionarlo cuantas veces sea necesario, dijo. De 2018 a 2024, la población en pobreza pasó de representar el 41.9 de la población a 29.5 por ciento, el nivel más bajo desde hace por lo menos 40 años”.
No sólo eso, “la desigualdad también se redujo significativamente. El Coeficiente de Gini pasó de 0.426 a 0.391, colocando a México como el segundo país con menor desigualdad de América, después de Canadá”. Nunca en la historia del país se había logrado esta reducción en tan breve lapso.
¿Cómo se logró? La presidenta lo explica con toda claridad: “Quedó en el pasado la oscura noche neoliberal bajo la cual, este modelo, establecía que el Estado no debía intervenir en el desarrollo ni preocuparse por redistribuir la riqueza, sino simplemente crear un entorno favorable para los negocios, confiando en que las ganancias de los inversionistas eventualmente beneficiarían a toda la sociedad”. Algo que en ningún país del mundo ha sucedido.
Con hechos se demostró la falsedad de esta idea, que sostuvieron panistas y priistas durante sus gobiernos y aún siguen sosteniendo al oponerse a cuanta medida de transformación el gobierno emprende, pues bien se sabe que, como dijo la presidenta: “Sin un papel activo del Estado orientado a la justicia social, la concentración de la riqueza solo profundiza la desigualdad y deja a millones en la pobreza” expresó la mandataria.
Pero no sólo eso, en la era prianista hubo además otro fenómeno. “en nuestro país, la corrupción dañó durante demasiados años el bienestar del pueblo”.
La transformación de México en los últimos 12 meses fue acelerada en todos los ámbitos: en el legislativo se aprobaron 19 reformas constitucionales y 40 nuevas leyes, que resarcen una parte del daño provocado por el periodo neoliberal y fortalecen los derechos sociales, la sustentabilidad, la soberanía, la libertad y la democracia, entre ellas la reforma al Poder Judicial que tanto escuece a los barones del dinero y a sus achichincles porque saben que terminó la era en que la justicia era sólo para ellos.
En el económico, pese a la agresiva política, en este renglón, de Estados Unidos, el país muestra fortaleza: crecerá 1.2 por ciento en 2025, pese a las expectativas catastrofistas de organismos internacionales que decían que el PIB caería este año; hubo récord en el primer semestre en inversión extranjera directa: más de 36 millones de dólares se invirtieron; el peso se mantiene por debajo de los 19 por dólar; el desempleo es de 2.7 por ciento, uno de los niveles más bajos del mundo; y la inflación anual en julio fue de 3.5 por ciento, la menor desde enero de 2021. Asimismo, la deuda pública se mantiene, al cierre de agosto, en 50 por ciento del PIB.
En lo social, se aumentó el salario mínimo en 2025, en 12 por ciento, lo que significa, desde 2018, un incremento histórico en términos reales, de 135 por ciento; en el presente año se destinaron 850 mil millones de pesos (2.3 por ciento del PIB) a Programas de Bienestar que llegan a 32 millones de familias y benefician a decenas de millones de seres humanos de todas las edades, dinero que antes iba a los bolsillos de los políticos del prian.
Todo lo anterior explica por qué, a pesar de la furibunda embestida en contra de periódicos, radios, televisión, plataformas de periodistas que viven del chayote -y por eso vuelto millonarios- como Loret, Ciro, López Dóriga, Azucena, el gobierno de Claudia barre en todas las encuestas de popularidad. ¿Quién puede estar en contra de un gobierno que gobierna para él?