
Monterrey.- En el México neoliberal las madres trabajadoras sufren una emergencia de salud pública y justicia social: el burnout o agotamiento extremo. Este fenómeno, lejos de ser un problema individual, es resultado de un entramado capitalista-patriarcal que explota su fuerza laboral mientras las sobrecarga con trabajo doméstico no remunerado. La OMS ya reconoció el burnout como un padecimiento laboral en el 2022, vinculado a condiciones crónicas de estrés. El 75% de las trabajadoras reportan fatiga por estrés laboral -superando a China (73%) y EE.UU. (59%)-, pero el impacto es devastador para las madres:
1.- Jornadas laborales inhumanas:
- México lidera la OCDE con 2,226 horas anuales trabajadas, casi 500 horas más que el promedio de los países miembros y sólo es la punta del iceberg.
- Las mujeres dedican 40 horas semanales al trabajo no remunerado (cuidados y hogar), frente a 15.9 horas de los hombres.
- El 54% de las madres trabajadoras reportan que sus horarios laborales chocan con sus responsabilidades parentales, generando culpa y ansiedad.
2.- Salud mental en riesgo:
- Depresión y ansiedad: El 50% de las madres con hijos menores de 12 años experimentan burnout frecuente, asociado a síntomas como agotamiento físico persistente, dificultad para concentrarse y aislamiento social.
- Violencia estructural: El 38.3% de las mujeres en zonas rurales sufren depresión, agravada por la falta de acceso a servicios de salud mental (hay 0.4 psiquiatras por cada 100 mil habitantes).
Como denunció la filósofa, feminista y marxista Silvia Federici, el trabajo reproductivo de las mujeres es la base oculta del capitalismo y esto se traduce:
En brechas salariales: Las mujeres ganan 20% menos que los hombres, pero asumen el 80% de las tareas domésticas.
En techos de cristal: 48.2% de las diputaciones y 50.8% de las senadurías son ocupados por mujeres y son gobernadoras en trece de 32 Estados.
En cultura de la auto-exigencia: El 43% de las madres sienten culpa por no cumplir con los roles de "madre perfecta" y "trabajadora eficiente", un mandato que las lleva al colapso
Desde la izquierda exigimos políticas radicales para resolver el problema:
1.- Reducción de jornada laboral a 40 horas semanales: Implementar la disminución gradual a 40 horas semanales, como ha propuesto el gobierno actual, para permitir un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal.
2.- Sistema Nacional de Cuidados: Aumentar la cobertura de centros de atención infantil para liberar hasta 40 horas semanales de trabajo no remunerado por mujer. Este servicio debería priorizar a las madres trabajadoras de sectores populares, impulsando a nivel nacional el modelo de los Centros de Desarrollo Infantil (CENDI) del Frente Popular ‘Tierra y Libertad’, que ha demostrado por décadas cómo una infraestructura pública de cuidados transforma la vida de las mamás al garantizar educación inicial, alimentación y atención integral desde el primer año de vida. Los CENDI son ejemplo de una política feminista que dignifica los cuidados y hace corresponsable al Estado.
3.- Licencias parentales equitativas: Actualmente México otorga apenas 12 semanas de licencia por maternidad, frente a los 480 días en países como Suecia. La licencia de paternidad es simbólica e insuficiente. Exigimos un rediseño integral con enfoque de equidad y corresponsabilidad.
4.- Programas de salud mental con perspectiva de género: Más del 20% de las mujeres adultas presentan síntomas de depresión o ansiedad, (Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado, INEGI 2021), superando de forma considerable a los hombres. A pesar de ello, menos del 10% accede a servicios públicos de salud mental, debido a la falta de cobertura, personal especializado y enfoque sensible al género. Urge invertir en atención comunitaria y gratuita, con perspectiva feminista, que reconozca el impacto del estrés crónico, el burnout y las violencias estructurales sobre su salud emocional.
El burnout de las madres trabajadoras es un síntoma de la violencia económica y de género. Ante un sistema que las agota hasta el colapso, necesitamos un feminismo de izquierda que dispute el poder:
Denunciando la precarización laboral y la sobrecarga de cuidados.
Exigiendo políticas públicas con enfoque intersectorial (madres solteras, rurales, indígenas).
Construyendo redes solidarias que reemplacen la lógica individualista del “sálvese quien pueda”.
Bien sostiene la psicóloga Clara Haydee Solís Ponce: “La depresión en mujeres no es una actitud, es el resultado de un sistema que nos explota”.
¡Hoy más que nunca urge poner la vida en el centro!