RODRIGUEZ29112024

Alarma
Samuel Schmidt

Austin.- Me despertó la sirena de alarma, me levantaron de la cama, y aunque hacía mucho calor me dijeron que me ponga la camisa para dirigirnos al refugio.

En las casas se veían las luces de las casas donde estaban terminando el shabat, la calle estaba desierta, sin gente, corriendo desesperada; llegamos al refugio y solamente había tres personas que dijeron: de regreso, era un misil Houthi lanzado desde Yemen y con ellos no pasaba nada. Con los iraníes era otra cosa, me dijeron que sentías algo en el estómago. Eso fue en Jerusalén. En Tel Aviv vimos los estragos que causó un misil.

La gente parece haber normalizado el hecho de la guerra, las que no cesan y hay que adaptarse siguiendo las instrucciones: localizar el refugio más cercano y hay letreros anunciando espacios seguros, si manejas oríllarte y tírarte al suelo.

Pero también las expresiones contra la guerra están en todos lados. Abundan las pintas, letreros y en las mesas de café, en las conversaciones, el tema de cesar la guerra, una guerra de sobrevivencia, pero que causa mucha destrucción. Esta vez fueron cinco frentes.

Así como el bombardeo de Guernica anunció el tipo de guerra mundial, esta parece mostrar lo que serán las guerras del futuro, con pocos soldados, muchos misiles, drones y mucha destrucción.

En todas partes, desde la torre de control del aeropuerto, hasta las solapas de los políticos se encuentra el listón amarillo para que vuelvan YA los secuestrados, los que son utilizados como moneda de cambio. Si Hamas pensó que con esa presión tiraría al gobierno de Netaniahu, falló, pero le hubiera hecho un gran servicio a la democracia israelí, que hoy peligra.

Pero no obstante todas las expresiones de rechazo (incluidas las encuestas), el gobierno tiene sordera testicular (con perdón de la audiencia); por sus huevos, hay ministros que exigen una guerra total, la destrucción de Gaza y la expulsión de los palestinos, la visión de los mesiánicos que piensan que hoy hay que cumplir los términos geográficos descritos en la biblia, mientras condicionan que sus hijos no se recluten, a cambio de sostener al gobierno, y los representantes pro paz, que carecen de peso político para orillar al gobierno y no saben utilizar la movilización popular.

Los dos extremos se han unido en su odio y afán de destrucción y han sometido a las voces discordantes, a aquellos que quisieran vivir en buena compañía.

Hay familias deshechas, soldados que ya sirvieron como reservistas tres veces, casos de divorcio que muestran el peso de la carga económica de la guerra, y hay muchas familias que perdieron todo con los bombardeos iraníes, el número creciente de suicidios de soldados es una llamada de atención. Una cantidad elevada de soldados israelíes tiene PTSD y costará mucho ayudarlos.

En el mercado vi a un grupo de soldadas, jovencitas, dulces, apenas un poco mayores que mi nieta.

Del otro lado una tragedia de destrucción, desplazamiento, muerte, que pesará por varias generaciones, alimentada por el odio hacia el contrincante. Cuando escucho como ejemplo, que a 70 años de la guerra mundial la buena vecindad recorre Europa, se contrasta al escuchar en Polonia y Rumania, el odio ancestral contra los alemanes, que está más vivo que nunca.

Nos sentamos a tomar café en la parte occidental de Jerusalén y el mesero, un hombre joven, cuando le hablamos en hebreo pidió que se hablara inglés, es de los que se sienten y resienten estar conquistados.

Hamas se consolidó en el poder bajo el principio de matar a los judíos y destruir a Israel; así lleva más de 20 años educando a los niños, que ven la destrucción masiva, en parte porque al destruir túneles se viene abajo lo construido arriba, y a que en parte la estrategia de Hamas de esconderse tras los civiles (escuelas, hospitales, mezquitas, etcétera) provoca daño, lo que para ellos es propaganda favorable. Es por eso la insistencia de la salida de Hamas de Gaza, para que lleguen voces distintas.

Leí el libro HaKarish (Tiburón, Mishke Ben David, 2017), cuyo tema central es la falla de un acuerdo global de paz y sus consecuencias para Israel; pero al final, el capitán de un submarino con el último misil atómico, reflexiona sobre usarlo para pegarle al origen del problema y decide que este es Jerusalén, donde están las raíces simbólicas de las 3 grandes religiones monoteístas, así concluye que “a final de cuentas solamente son piedras”. Y ese es el fin de la guerra.

La noción de destruir las piedras “monumentos” antiguos la pusieron en práctica los talibanes, que se afanaron por destruir una historia que no es la de ellos y no la comparte Ben David. Pero esta idea es sugerente, pero muy radical para terminar esta y las guerras futuras que veremos en el Medio Oriente. Por eso los jersolimitanos se sienten a salvo de los misiles.

El futuro traerá el “enfrentamiento entre civilizaciones”, el afán enfermizo por crear imperios, la idea nociva de que la verdad propia debe ser la única verdad y debe imponerse cueste lo que cueste, y esto a final de cuentas son vidas, cultura, y el progreso de una civilización que pueda florecer para todos.