RODRIGUEZ29112024

AL BORDE
Palabras y manitas calientes
Jorge Castillo

Monterrey.- Después de las candentes discusiones en la última sesión de la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión donde se debatió la postura de la oposición sobre solicitar a EUA una intervención contra los cárteles del narcotráfico en México, la escena final fue muy clara. Alejandro Moreno Cárdenas, senador y dirigente nacional del PRI, junto con el diputado priista Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla, empujaron y golpearon en plena tribuna a Gerardo Fernández Noroña, presidente la Mesa Directiva del Senado, y a su colaborador Emiliano González.

Los agresores, acompañados de otros cuatro legisladores priistas, se posicionaron en la tribuna de la Comisión Permanente antes de que acabara el acto protocolario de entonación del himno nacional. Y una vez concluido el cántico, Moreno y Gutiérrez provocaron y atacaron a Noroña, su principal objetivo. Sin temor a equivocarme, se trató de una emboscada vil y ruin.

No fue un pleito entre legisladores, como muchos medios corporativos han titulado, fue un asalto directo y abierto de forma unilateral, y el cual no fue respondido por los agredidos. No cayeron en la provocación, contuvieron el ardor natural por sentirse embestidos de forma artera. Aunque Moreno acusa a Noroña de haberlo empujado primero, las imágenes que han circulado lo contradicen y lo evidencian. Moreno y su séquito actuaron como auténticos porros.

En posterior conferencia de prensa Moreno justificó los hechos diciendo que Noroña no cumplió con un supuesto acuerdo previo de dar la palabra a los coordinadores parlamentarios al finalizar la sesión. Además, Moreno declaró que también defendió a la senadora Lilly Téllez de la supuesta violencia verbal de la que fue objeto por parte de Noroña durante la sesión, a quien éste acusaba acremente de traidora a la patria por haber solicitado, originalmente en una entrevista en Fox News, el intervencionismo estadounidense.

Conferencia de prensa en la que Moreno complementó sus reclamos acusando al oficialismo de ‘morenarcos’, de atacar a la prensa libre y de ser un régimen dictatorial similar a los de Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Y después de denunciar una supuesta persecución política en su contra, Moreno anunció que su partido convocaría a ‘la desobediencia civil y resistencia pacífica’ (¡vaya cinismo!), acompañados de sus bases campesina, obrera y sindical. Bases con las cuales el PRI ya marchó ayer jueves en Paseo de la Reforma en CDMX.

Por su parte, Noroña declaró que ya ha interpuesto las denuncias judiciales en contra de Moreno y demás legisladores partícipes por agresiones, lesiones y daños materiales; junto con la solicitud de medidas precautorias por las supuestas amenazas de muerte proferidas por Moreno en su contra. Noroña también propondrá que a dichos legisladores se les retire el fuero constitucional para que sean debidamente juzgados por las autoridades competentes.

Así parece configurarse, curiosa y sutilmente, una jugada política donde Alejandro Moreno, por el lado del PRI, y Lilly Téllez, por el lado del PAN, quienes después de acudir a instancias multilaterales y extranjeras –a la OEA el primero y a Fox News la segunda– estarían afianzando una línea narrativa en la que ellos dos, y muchos otros opositores en México, son víctimas de censura y de persecución política por parte de la 4T; más ahora que habrá un nuevo sistema judicial supuestamente “a modo”. Y donde la posible y firme reacción del oficialismo ante estos recientes acontecimientos, también serían la “confirmación” de que todos ellos son objeto de la arbitrariedad del actual régimen autoritario y narcopolítico mexicano. Narrativa extrañamente alineada con discursos políticos y mediáticos estadounidenses de acechanza continental contra gobiernos de izquierda.

Con base en esto, me atrevería a decir que el ataque a Noroña en la tribuna no solo fue orquestado como una reacción visceral inmediata de los priistas conforme el calor de los dichos y hechos de la sesión legislativa, sino que probablemente fue un movimiento calculado dentro de un plan mayor de desestabilización política, y el cual pretende establecer precedentes que justifiquen la intervención de actores extranacionales en la vida institucional interna de nuestro país. Algo que no es nuevo ni descabellado sugerirlo. Consideremos que estos «juegos de manos son de villanos».


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