RODRIGUEZ29112024

AL BORDE
Nuestros votos
Jorge Castillo

Monterrey.- Para cuando se publique esta columna estaremos a un día de la Elección Judicial. Una elección histórica y controversial. Se elegirán 881 cargos judiciales federales en todo el país, además de los cargos para puestos judiciales locales en 19 estados de la república.

A lo largo de varios meses los opositores han denunciado que la reforma judicial fue hecha a contentillo de AMLO –“capricho autoritario” que fue respaldado por casi 36 millones de electores–, y que el proceso de selección de las y los candidatos fue mal diseñado y con sesgos que favorecen al actual régimen en el poder. Cuestión última ya desmentida por la analista Viridiana Ríos, después de que revisó las filias partidistas de los contendientes por las tres instancias judiciales nacionales: Suprema Corte, Tribunal de Disciplina y Sala Superior del TEPJF (facebook.com/ViriRiosC, 26/05/2025).

Ahora, en la víspera de la Elección Judicial los opositores llaman a la ciudadanía a no votar pues arguyen que se trata de una “farsa” por su supuesto carácter antidemocrático, pero también por su supuesta “inviabilidad operativa”, es decir, por las dificultades prácticas que implica el ejercicio del voto judicial.

Entre estas “trabas” se incluyen 1) el desconocimiento del electorado del sistema judicial, de sus estructuras, sus actores y sus funciones, 2) la falta de información suficiente sobre la trayectoria de las y los candidatos –como si esto se diferenciara significativamente de nuestros conocimientos sobre las trayectorias de candidatos a puestos de elección popular–, 3) la falta de tiempo del electorado para informarse sobre las y los candidatos, y 4) el diseño complejo de las boletas electorales dada la enorme cantidad de puestos a elegir.

Me atrevo a afirmar que todas estas aseveraciones revelan una percepción negativa en torno al papel del ciudadano y ciudadana frente al actual proceso electoral judicial. Perspectiva que concibe al ciudadano como un ente individual aislado y como un actor pasivo, apático, ignorante, flojo e incapaz de ejercer un acto consciente de elección en un proceso de mínima complejidad.

Los puntos 1 y 2 se muestran más como áreas de oportunidad que como obstáculos por sí mismos, pues pueden motivar a la gente a conocer más sobre las instituciones judiciales y su funcionamiento, y a desarrollar estrategias colectivas de búsqueda de información que ayuden a complementar los datos que se obtienen sobre las y los candidatos. En consonancia con esto último es necesario decir que la mayoría de nosotros compartimos la vida con familiares, vecinos y amigos, por lo que el punto 3 no excluye la posibilidad de que quienes tengan más tiempo libre se encarguen de investigar los perfiles y después divulguen la información entre sus círculos cercanos, y así puedan armar sus propias listas de candidatas y candidatos.

Recordemos que el voto en la casilla es individual, libre y secreto, pero en realidad el voto es discutido y consensuado previamente con la familia y hasta con la comunidad; el voto, como acto político, es parte de un proceso eminentemente social, es un acto de confianza y esperanza colectivas.

El punto 4, el supuesto problema que implica el complejo diseño de la boleta electoral, se solventa fácilmente con los tutoriales difundidos por el INE y por muchos otros comunicadores que han demostrado lo sencillo que puede ser el voto judicial con estos nuevos formatos y los cuales pueden ser mejorados a futuro. El chiste es perderle el miedo a la boleta y no dejarse engañar por aquellos que, con intereses oscuros, pretenden inducir el voto ciudadano mediante el uso indebido de ‘acordeones’, con los cuales, dicen, ayudaran a “facilitar” su ejercicio.

A partir de estas apreciaciones, podemos considerar que la Elección Judicial será, cada vez más, una poderosa herramienta democrática en nuestro país, la cual ya en estas semanas previas provoca el interés, el involucramiento y el compromiso ciudadano en la renovación del poder judicial. Pero hay quienes promueven el deslinde del ciudadano bajo el argumento principal de que no somos expertos en estos temas tan especializados y que, por lo mismo, no estamos preparados para asumir tan enorme responsabilidad cívica. Como dice Forrest Gump: ‘Tonto es quien cree que los demás somos incapaces’. Lo que exhiben los emisarios del desastre electoral es un elitismo velado, y ningún elitismo es democrático.


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